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Su cuerpo empezó a caer de espaldas después de que ese gran perro labrador se le echara encima. El “animalito” solamente quería mostrar afecto a su vecino, al que siempre había saludado… pero ese fue el peor día para que pasara eso…
 
Daniel tuvo un pequeño percance con unos granos que, por un mal cuidado, un trabajo sedentario y sumando predisposiciones genéticas, le provocaron un par de fístulas que le empezaron a complicar el día a día. Estaban ubicadas en un mismo lugar… un lugar muy complicado, porque lo necesitaba para sentarse… 
 
El resultado fue que la dermatóloga lo derivó a un cirujano para evaluar su caso, y éste determinó que era necesario limpiar esa zona. Se convino todo para llevar a cabo esa pequeña intervención, y tras unos treinta minutos ya había acabado. Para permitir una correcta regeneración, el cirujano lo cosió y luego lo aseguró con 11 grapas.
Todo esto era nuevo para Daniel, porque nunca había tenido ninguna experiencia similar. Entonces, empezó un período que duraría unas cuatro semanas de cicatrización de la zona, donde debía hacer mucho reposo, evitando movimientos bruscos y adaptando su día a día para realizarlo todo de pie… porque, efectivamente, era imposible sentarse. Solamente cuando su cadera decía basta, se tumbaba boca abajo en la cama y descansaba unos minutos.
 
La verdad, es que fue un periodo bastante atípico, y con muchos impedimentos en tareas cotidianas. Permaneció en su piso durante más de dos semanas, y la tercera ya le pudieron quitar 5 de las 11 grapas. La herida estaba regenerándose correctamente y todo seguía su proceso normal.
 
Entonces, fue cuando esa mañana decidió ir a la panadería por primera vez. Poco a poco y ganando mejor movilidad, estaba evolucionando todo bien, y una sonrisa se dibujó en su cara, alejando un poco la preocupación que arrastraba las últimas semanas debido a eso… y también el cansancio de tener que realizarlo todo de pie.
 
Cuando volvió de la panadería pasó por una ruta corta por la que atajaba, pero se encontró a su vecino, Faraday, con su gran perro labrador, que tan pronto como lo vio saltó encima suyo para demostrarle su cariño. Casi tres semanas mayoritariamente de pie provoca una fatiga continuada a los músculos de las piernas, y en esos momentos Daniel no tenía la misma agilidad que antes, así que cuando intentó apartarse del perro, tuvo un traspiés. En ese instante, el perro se le abalanzó encima, y fue cuando cayó fatalmente de espaldas.
 
La cicatriz, el resto de grapas, y toda esa zona que llevaba tapada con gasas debajo del pantalón, era lo primero que iba a impactar en el duro suelo de asfalto de la calle. Todo parecía estar a cámara lenta para Daniel en ese momento, y su cara de horror lo decía todo…
 
Fue absolutamente inevitable, y cuando impactó en el suelo, algo se rompió en su interior… parecía que los niveles del umbral del dolor llegaban a dimensiones nunca imaginadas mientras todos los nervios de su cuerpo sintieron la agudeza de aquella sensación que estaba emergiendo.
 
Mientras el perro seguía acercándose al joven, el vecino presenció horrorizado, y con la misma sensación de que todo estaba a cámara lenta, que de la boca de Daniel emergía un denso humo negro que se empezaba a condensar encima suyo, mientras el chico aullada y gritaba con un dolor indescriptible, retorciéndose en el suelo.
Tras unos pocos segundos, todo el humo había salido de su cuerpo y se había condensado en una pequeña nube oscura encima suyo. La sorpresa vino cuando, en un abrir y cerrar de ojos, un largo brazo pálido terminado en unas terribles garras, emerge de ese humo para coger velozmente al perro mientras seguía saltando hacia su vecino, y lo introduce en la nube. Luego, sin margen de maniobra, otro brazo igual de terrible sale y coge a Daniel de la misma forma, para introducirlo en el humo violentamente.
Faraday, el vecino, asiste aterrorizado a aquella película de terror en directo, y sin todavía asimilarlo, se gira y empieza a correr en dirección opuesta. Solamente cuando lleva unos metros corriendo, se atreve a girar un poco la cabeza durante unos breves segundos para comprobar como una extraña criatura humanoide está saliendo del humo… o parece que el humo se condensa en él… no lo sabe, y debe girar la cabeza para seguir corriendo lo más rápido que pueda y alejarse de esa pesadilla.
 
En ese momento, se cruza en el callejón con una bandada de drones que parece que van hacia la criatura. Prefiere no girarse para comprobarlo hasta que encuentra una esquina por la que puede seguir hasta una calle más concurrida. Ahí se detiene para observar desde la seguridad de esa esquina como esos drones empiezan a rodear a la criatura, que emite unos terroríficos gritos agudos que parecen mil voces a la vez, mientras intenta tumbarlos con sus zarpas. Tras conseguir destruir a un dron, empieza a temblar, y su condición física empieza a desvanecerse, mientras emerge otra vez ese humo denso de su piel. Parece que los drones emiten algún tipo de señal que lo desestabiliza…
 
Finalmente, ese monstruo pálido se convierte nuevamente en humo e intenta escapar, pero esos drones son muy inteligentes, y lo rodean astutamente para evitar que se mueva. En ese instante, aparece una mujer corriendo en esa dirección, pasando por el lado de Faraday, que sigue observando esa increíble escena.
 
La mujer llega justo debajo del humo negro y saca de su mochila un dispositivo semicircular que activa y deja plano en el suelo. En ese momento, un haz luminoso sale en dirección al cielo, y parece que el humo reacciona a ello, porque se empieza a acercar hacia el dispositivo. Era como si estuviera presenciando una abducción invertida. Durante ese proceso, los drones siguen envolviendo el humo, garantizando la seguridad.
 
Finalmente, todo el humo entra en ese extraño dispositivo y se acaba cerrando tras activarse una luz roja parpadeante. La mujer se toca la oreja y dice en voz alta:
 
—Bien, Larva Doloris asegurada. Hay una baja en el sistema Osprey,  envíen equipo de limpieza. He contabilizado un solo testigo.
 
Faraday seguía intentando asimilar lo que acababa de pasar. La mujer se le acerca mientras los drones se quedan guardando el dispositivo.
—Tranquilo, muchacho, ahora está ya todo bien. Tendrás muchas preguntas, pero te digo que dentro de unos momentos vendrá un equipo que te dará todas las respuestas que necesitas. ¿Te encuentras bien?
 
—S..si… uau, es que no se por dónde empezar… ¿esa cosa salió de Daniel?
 
—Supongo que te lo puedo explicar por encima, pero para que lo entiendas, esa entidad salió de él a través de un extremo dolor que debió sentir…
 
En ese momento, Faraday recordó el causante de todo eso, y fue esa aparentemente simple caída en la que solamente oyó a Daniel gritar “¡¡No!! ¡¡La cicatriz!!”
 
—Las imágenes que hemos visto cuando el sistema ha detectado la presencia de este ente, eran de esas cámaras de ahí – señala en unos postes – y vimos como lamentablemente se llevó a Daniel y a tu perro… lo siento muchísimo…
 
Los ojos de Faraday se humedecen en un instante al asimilar que su perro ya no está… que una criatura se lo había llevado y que nunca volvería… Ella enseguida se acerca y le abraza.
 
—Entiendo cómo estás muchacho… ese bicho nos ha quitado algo a casi todos... pero debes ser fuerte. Debes sentirte afortunado porque has sobrevivido a un encuentro con un monstruo… no hay mucha gente que pueda decirlo…
 
En ese momento aparece un equipo ya preparado con sus vehículos, que se encarga tanto de asegurar el dispositivo con el ente, como de hacerse cargo de Faraday, al que antes de nada le borran la memoria reciente con otro pequeño dispositivo.
 
La mujer responsable de la captura está observando como suben a la camilla al joven, mientras está conversando con un compañero.
 
—Parece que al fin ha dado resultado.
 
—Pues si… ¿Quién lo diría? Hemos logrado capturar al Larva Doloris después de todos estos años.
 
—Corrijo… UN Larva Doloris…
 
—Sigues emperrada en que existe más de uno, ¿eh?
 
—Simplemente lo sé… ya sabes lo que pasó…
 
—Supongo que el tiempo lo dirá, jefa. Venga, te invito a desayunar si te apetece y lo celebramos.
 
Ese día, el extremo dolor de Daniel liberó una pesadilla, pero quizá el mayor misterio era la verdad acerca de quiénes estaban preparados para atraparla…


© 2026 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 180, "Dolor por Caída".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2605095594410.
​Fecha de registro: mayo 2026.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
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070626


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