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TEASER
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Emilio estaba deseando que llegaran las vacaciones de Navidad para poder escapar al pueblo con su nueva pareja. Su historia había empezado pocos meses atrás en Madrid, y el rumbo era muy bueno. Concretaron previamente que, de los diez días de vacaciones seguidas, pasarían la Navidad en casa de él, en Orense, y el fin de año en casa de ella, en Oviedo, porque este año en particular se celebraban los tres-cientos años de la fundación del pueblo oriundo de Claudia. ¡Era una celebración que no quería perderse por nada del mundo!
La ilusión era el paraguas que acompañaba a esa recién feliz pareja en la aventura (siempre refrescante) de conocer un poco más del origen y raíces de esa otra persona. Conocer gente nueva, descubrir sitios fantásticos, probar excelente comida… Realmente, Claudia y Emilio se encuentran en un feliz y dulce momento. ¿Qué podría salir mal?
La ilusión era el paraguas que acompañaba a esa recién feliz pareja en la aventura (siempre refrescante) de conocer un poco más del origen y raíces de esa otra persona. Conocer gente nueva, descubrir sitios fantásticos, probar excelente comida… Realmente, Claudia y Emilio se encuentran en un feliz y dulce momento. ¿Qué podría salir mal?
El bus nocturno de Orense hasta Oviedo finalmente llegó a la plataforma de la estación, y la pareja salió respirando el aire fresco de esa mañana del 30 de diciembre. Tras recoger las maletas y mochilas, se acercaron a casa de unas amistades de Claudia, con quienes pasaron la mañana charlando y paseando. Después de comer, subieron a otro bus para ir a las afueras de la ciudad.
La carretera comarcal llevaba años pidiendo reformas, pero nada, los socavones obligaban a reducir la velocidad, y el tiempo se dilataba, hasta que finalmente a las 23h de la noche llegaron a la minúscula parada de ese pequeño pueblo de aproximadamente 100 habitantes. Las rodillas de Emilio empezaban a pedir un poco de “lay down” en alguna cama, ya que al final el viaje había resultado más largo de lo esperado. Enseguida ella le vio la cara, le cogió la cabeza cariñosamente con ambas manos, y se acercó:
- Cariño, recuerda que estamos aquí para pasarlo bien. Aleja cualquier estrés de la ciudad, olvídate del trabajo en la agencia y sus tecnicismos en inglés, …respira naturaleza, y prepárate para las celebraciones de mañana. ¡Te quiero!
Se besan antes de que él pueda contestarle que también.
La luna se asomaba detrás de unas pocas nubes, pero el cielo estaba muy despejado, perfecto para considerarse starlight, porque podían verse muchísimas estrellas en el firmamento. De fondo se oía el rumor de las hojas de los árboles y arbustos mecidos por esa fría brisa de invierno.
En un par de minutos se plantaron en casa de sus suegros, que los recibieron muy calurosamente, y felices de tener a su hija en casa en unas fechas tan señaladas.
La primera toma de contacto fue relativamente rápida debido a las horas y el nivel de cansancio de ambos, así que se despidieron para que pudieran descansar, y mañana sería otro día.
Ambos cayeron rendidos en la cama, y en cuestión de segundos se quedaron plácidamente dormidos. Esa tranquila noche bañaba los pies de la cama con la luz de la luna que entraba por la ventana…
Una bonita estampa que a las 7 de la mañana empezó a despertarles con los primeros brillos del sol, para encarar el último día del año.
- ¿Así que hoy se celebran los 300 años de la fundación de este pueblo?
- En efecto Emilio, concretamente 3 siglos de historia para nuestra pequeña aldea. ¿Echas de menos alguna de las comodidades de la ciudad?
- Pues… - mientras se untaba mantequilla en la tostada – realmente lo primero que me ha sorprendido ha sido no oír ninguna sirena…
- Jaja, muy bueno… recuerdo mis años de juventud en Madrid, y allí era una constante el tema de las sirenas, a todas horas… – toma un sorbo de café recién hecho – Aquí es otra historia… tenemos otra velocidad en la vida… – con cierto tono inquietante.
- Eso ya lo sabemos, papá, no te pongas dogmático… - le recrimina Claudia.
- Nada más lejos de mi intención, cariño. Me refiero a lo de la velocidad porque realmente sí que es una opción viable y perfectamente factible. La veloz vorágine actual que se vive en los grandes centros urbanos está creando generaciones de jóvenes que no saben si quiera plantearse el porqué de las cosas… Demasiada inercia… Solo digo que, si te alejas de esos núcleos, otra manera de vivir es posible...
- Ahí tiene toda la razón, señor.
- Deja al muchacho, que es la primera vez que desayunamos juntos. – dijo la madre en tono conciliador.
Y así empezaron ese día, que durante la mañana fue un paseo donde Claudia le enseñó la zona. Prados verdes, naturaleza viva, algunas vacas paciendo… era como una estampa ideal, y Emilio pudo empezar a relajarse de verdad, dejando atrás el estrés de su vida pegada al teléfono en una agencia de publicidad. Demasiados mensajes, demasiada prisa, demasiados cambios… cambios, cambios… todo son cambios… y en ese momento, y por primera vez en mucho tiempo, nada más que ella, él, y ese entorno idílico...
Con una sonrisa en la cara, volvieron a casa para comer los cuatro juntos. Las conversaciones habituales de ese último día del año casi siempre versaban sobre el análisis de lo que habían supuesto esos últimos doce meses, o haciendo hincapié en algunos hechos concretos. Pero fuera como fuera, por la tarde ya tenía plan, y es que en la sala polivalente del ayuntamiento se había instalado una pequeña exposición de la historia del pueblo, con fotografías, objetos, textos y mapas relatando los tres siglos de historia.
Emilio y Claudia pasearon por esa exposición, mientras ella le narraba alguna pequeña anécdota histórica que conocía, aunque también vio cosas que desconocía.
Desde las 6 de la tarde se organizó una cena popular en la plaza central, donde todo el pueblo estaba invitado, y la comida y bebida corrían a cargo del ayuntamiento. Fue su manera de celebrar tan importante efeméride.
Durante las 3 primeras horas fueron unas barras para servir bebidas mientras había música en directo, y todo el mundo hablaba con todo el mundo. Ese es un detalle muy bonito de los pueblos, y del que Emilio no podía dejar de tener una sana envidia.
Luego, a partir de pasadas las 9 de la noche, se empezó a servir la cena a todos los asistentes, que resultaron ser la mayor parte de los habitantes. Solo un par de familias se quedaron en casa.
Finalmente, a medianoche, todos pudieron celebrar la tradición de las uvas y entrar juntos en el nuevo año.
Como colofón final, el ayuntamiento había preparado un espectáculo pirotécnico en una zona habilitada y segura para ello. A las 12:01 exactamente la mecha ardió, y empezaron los magníficos fuegos.
Lo que Emilio no sabía era que, después de la pirotecnia, cuando todo el mundo aplaudió y se deseó el año nuevo de manera alegre, de repente cientos de insectos bioluminiscentes empezaron a elevarse desde todas partes hacia el cielo. Todos se quedaron mirando aquello, fascinados, pero momentos después, horrorizados, al ver que los insectos brillantes comenzaban a formar lo que parecía una especie de calavera luminosa...
Parecía que nadie se lo esperaba, excepto un anciano que lo estaba viendo desde la ventana de su casa, por ser ya muy mayor y necesitar asistencia mecánica… de hecho, estaba a punto de entrar en el libro Guinness con 112 años…
La carretera comarcal llevaba años pidiendo reformas, pero nada, los socavones obligaban a reducir la velocidad, y el tiempo se dilataba, hasta que finalmente a las 23h de la noche llegaron a la minúscula parada de ese pequeño pueblo de aproximadamente 100 habitantes. Las rodillas de Emilio empezaban a pedir un poco de “lay down” en alguna cama, ya que al final el viaje había resultado más largo de lo esperado. Enseguida ella le vio la cara, le cogió la cabeza cariñosamente con ambas manos, y se acercó:
- Cariño, recuerda que estamos aquí para pasarlo bien. Aleja cualquier estrés de la ciudad, olvídate del trabajo en la agencia y sus tecnicismos en inglés, …respira naturaleza, y prepárate para las celebraciones de mañana. ¡Te quiero!
Se besan antes de que él pueda contestarle que también.
La luna se asomaba detrás de unas pocas nubes, pero el cielo estaba muy despejado, perfecto para considerarse starlight, porque podían verse muchísimas estrellas en el firmamento. De fondo se oía el rumor de las hojas de los árboles y arbustos mecidos por esa fría brisa de invierno.
En un par de minutos se plantaron en casa de sus suegros, que los recibieron muy calurosamente, y felices de tener a su hija en casa en unas fechas tan señaladas.
La primera toma de contacto fue relativamente rápida debido a las horas y el nivel de cansancio de ambos, así que se despidieron para que pudieran descansar, y mañana sería otro día.
Ambos cayeron rendidos en la cama, y en cuestión de segundos se quedaron plácidamente dormidos. Esa tranquila noche bañaba los pies de la cama con la luz de la luna que entraba por la ventana…
Una bonita estampa que a las 7 de la mañana empezó a despertarles con los primeros brillos del sol, para encarar el último día del año.
- ¿Así que hoy se celebran los 300 años de la fundación de este pueblo?
- En efecto Emilio, concretamente 3 siglos de historia para nuestra pequeña aldea. ¿Echas de menos alguna de las comodidades de la ciudad?
- Pues… - mientras se untaba mantequilla en la tostada – realmente lo primero que me ha sorprendido ha sido no oír ninguna sirena…
- Jaja, muy bueno… recuerdo mis años de juventud en Madrid, y allí era una constante el tema de las sirenas, a todas horas… – toma un sorbo de café recién hecho – Aquí es otra historia… tenemos otra velocidad en la vida… – con cierto tono inquietante.
- Eso ya lo sabemos, papá, no te pongas dogmático… - le recrimina Claudia.
- Nada más lejos de mi intención, cariño. Me refiero a lo de la velocidad porque realmente sí que es una opción viable y perfectamente factible. La veloz vorágine actual que se vive en los grandes centros urbanos está creando generaciones de jóvenes que no saben si quiera plantearse el porqué de las cosas… Demasiada inercia… Solo digo que, si te alejas de esos núcleos, otra manera de vivir es posible...
- Ahí tiene toda la razón, señor.
- Deja al muchacho, que es la primera vez que desayunamos juntos. – dijo la madre en tono conciliador.
Y así empezaron ese día, que durante la mañana fue un paseo donde Claudia le enseñó la zona. Prados verdes, naturaleza viva, algunas vacas paciendo… era como una estampa ideal, y Emilio pudo empezar a relajarse de verdad, dejando atrás el estrés de su vida pegada al teléfono en una agencia de publicidad. Demasiados mensajes, demasiada prisa, demasiados cambios… cambios, cambios… todo son cambios… y en ese momento, y por primera vez en mucho tiempo, nada más que ella, él, y ese entorno idílico...
Con una sonrisa en la cara, volvieron a casa para comer los cuatro juntos. Las conversaciones habituales de ese último día del año casi siempre versaban sobre el análisis de lo que habían supuesto esos últimos doce meses, o haciendo hincapié en algunos hechos concretos. Pero fuera como fuera, por la tarde ya tenía plan, y es que en la sala polivalente del ayuntamiento se había instalado una pequeña exposición de la historia del pueblo, con fotografías, objetos, textos y mapas relatando los tres siglos de historia.
Emilio y Claudia pasearon por esa exposición, mientras ella le narraba alguna pequeña anécdota histórica que conocía, aunque también vio cosas que desconocía.
Desde las 6 de la tarde se organizó una cena popular en la plaza central, donde todo el pueblo estaba invitado, y la comida y bebida corrían a cargo del ayuntamiento. Fue su manera de celebrar tan importante efeméride.
Durante las 3 primeras horas fueron unas barras para servir bebidas mientras había música en directo, y todo el mundo hablaba con todo el mundo. Ese es un detalle muy bonito de los pueblos, y del que Emilio no podía dejar de tener una sana envidia.
Luego, a partir de pasadas las 9 de la noche, se empezó a servir la cena a todos los asistentes, que resultaron ser la mayor parte de los habitantes. Solo un par de familias se quedaron en casa.
Finalmente, a medianoche, todos pudieron celebrar la tradición de las uvas y entrar juntos en el nuevo año.
Como colofón final, el ayuntamiento había preparado un espectáculo pirotécnico en una zona habilitada y segura para ello. A las 12:01 exactamente la mecha ardió, y empezaron los magníficos fuegos.
Lo que Emilio no sabía era que, después de la pirotecnia, cuando todo el mundo aplaudió y se deseó el año nuevo de manera alegre, de repente cientos de insectos bioluminiscentes empezaron a elevarse desde todas partes hacia el cielo. Todos se quedaron mirando aquello, fascinados, pero momentos después, horrorizados, al ver que los insectos brillantes comenzaban a formar lo que parecía una especie de calavera luminosa...
Parecía que nadie se lo esperaba, excepto un anciano que lo estaba viendo desde la ventana de su casa, por ser ya muy mayor y necesitar asistencia mecánica… de hecho, estaba a punto de entrar en el libro Guinness con 112 años…
Ahora ya no podía salir de casa, pero en ese momento un terrible recuerdo apareció en su cansada mente centenaria… y era de exactamente un siglo atrás, cuando tenía 12 años y celebraron el segundo centenario del pueblo…
Aquella vez, las celebraciones fueron durante el día… pero parece que, por la noche, los insectos también se comportaron de la misma manera, formando una gran calavera luminosa en el cielo. Su recuerdo termina abruptamente cuando de la boca de aquella imagen aterradora del cielo empieza a surgir una gran bola de luz. El anciano parpadea dos veces para comprobar que realmente se encuentra otra vez ante aquel fenómeno tan extraño y que ya no recordaba. Entonces no puede dejar de mirar con los ojos abiertos de par en par hacia el cielo…
En ese mismo momento, abajo en la plaza Emilio agarra del brazo a Claudia y le dice:
- Cariño, esto me da mala espina… deberíamos irnos...
- Pienso igual… es muy extraño… jamás había visto nada parecido…
Enseguida se recoge toda la familia y dejan la plaza, donde seguía la mayoría del pueblo observando aquella calavera, para irse directamente a su casa. Rápidamente suben a las ventanas del piso superior y siguen viendo ese extraño fenómeno de una forma más “segura”.
Mientras, en la plaza, mucha gente ha seguido su ejemplo y se ha ido, pero algunos valientes se han quedado mirando la calavera y esperando a ver qué pasaba a continuación. Fue entonces cuando los insectos que forman el retrato, como si estuvieran controlados de alguna forma, se mueven de manera que el dibujo de la calavera abre su boca poco a poco. En ese momento, unas pequeñas chispas originan una minúscula bola de luz blanca en el centro exacto de la boca, que poco a poco empieza a agrandarse.
Algunos deciden irse de la plaza, y ya solo quedan los más… ¿valientes? En ese momento, la bola de luz era tan grande como la boca de la calavera, y entonces fue cuando, de manera rápida, todos los insectos bio-luminiscentes dejaron de tener ese comportamiento y se fueron cada uno por su lado, desapareciendo la figura cadavérica con ellos… pero quedando esa bola luminosa en el cielo, que resplandecía con un inusitado brillo parpadeante. Lentamente empezó a descender hasta posarse suavemente encima del campanario de la pequeña iglesia local.
Desde lejos, Emilio sacó su smartphone último modelo, y enfocó a esa bola de luz que se había puesto encima de la iglesia. Usando su super-zoom de última generación, podía ver una mejor imagen, y la familia de Claudia se arremolinó a su lado para ver esas imágenes.
Como buen cuñado tecnológico, Emilio asumió su papel en ese momento, y tuvo la idea de compartir la pantalla del móvil en la televisión del salón, así todos podrían verlo mejor. De esta manera, todos se pusieron alrededor de la televisión, viendo la imagen que Emilio seguía grabando desde la ventana.
Fue entonces cuando el brillo de la esfera empezó a menguar, hasta que desapareció con un chisporroteo eléctrico, mostrando una figura humanoide en su interior. Todo el mundo pegó un grito cuando vio a ese ser. ¡Nadie esperaba una cosa así!
Desde la altura del campanario, el ser empieza a mirar a izquierda y derecha, observando a las pocas personas que quedan en la plaza. En ese momento, se queda mirando fijamente a un hombre: Francisco, el panadero. Esboza una tenebrosa sonrisa debajo de la no-nariz y extiende su mano.
Entonces Francisco empieza a levitar, como si le estuviera atrapando con la mano. Por mucho que intente moverse, no puede, y queda inevitablemente atrapado en esa tracción. La gente empieza a gritar y huye del lugar. La familia de Claudia está aterrorizada viendo todo ello en la pantalla, y Emilio debe sujetar el Smartphone con las dos manos, para que no se le note el tembleque.
El viejo anciano observa aterrado la escena también… y en ese momento recuerda que su padre le metió a él, a sus hermanos y a su madre en la despensa, y salió con los demás hombres con sus escopetas de caza. Solamente recuerda oír disparos hasta que nuevamente terminan sus viejos recuerdos.
Francisco llega finalmente a la altura de los ojos de ese ser. Tampoco puede gritar ni emitir sonido alguno más allá de algún gemido y la mayor o menor apertura de sus ojos. En ese momento, el ser empieza a hablar con una voz ronca y atronadora:
- Habitantes de la aldea… Tras los incidentes de nuestra última visita, en la que nuestro anterior emisario quedó gravemente herido, nos vemos en la obligación de recordarles el pacto que hicimos hace 300 de vuestros años.
La gente se queda estupefacta, primero por el perfecto vocabulario y capacidad de habla del ser, y segundo de los hechos que acababa de describir. Nadie sabía nada, absolutamente nada. Y es que la anterior vez que comenta el emisario, fue cuando el anciano de nuestra historia tenía 12 años.
Esa noche, nadie esperaba una cosa así cuando apareció esa criatura en el cielo, y menos cuando atrapó a la mujer del herrero. Todos los hombres encerraron a sus familias para protegerlos, cogieron sus armas y se dirigieron a la plaza del pueblo, donde abrieron fuego indiscriminadamente contra el ser. El resultado fue trágico… la mujer del herrero no lo consiguió, y ese ser perdió una pierna y un brazo, pero en un último momento logró escapar a través de un nuevo halo de luz en el cielo.
Con el tiempo, todo se perdió en el olvido popular al no poder demostrar nunca nada de esa noche.
- Hemos entendido que nuestra manera de proceder no fue la correcta la última vez, ya que han pasado muchos años para vosotros, y entendemos también que vuestro pueblo haya podido olvidarlo con el tiempo, así que voy a recordar el origen de nuestro pacto:
“En vuestro año 1726, se estrelló en estas montañas una pequeña nave robada de nuestra flota. En su interior viajaban el príncipe Karlax y sus dos guardaespaldas más leales. Ya reconocimos en su momento, que los métodos del príncipe no estaban muy bien vistos por nuestra sociedad, ya que era impulsivo, y a veces carente de lógica y diálogo.
Por aquel entonces, este pueblo todavía no existía, pero había un asentamiento minero que trabajaba en estas montañas desde hacía unos años. Cuando empezaron a ser atacados por el príncipe, cogieron lo que tenían a mano y empezaron a defenderse con uñas y dientes, hasta que, por una pirueta del destino, consiguieron abatirle.
Rápidamente acorralaron a los dos guardaespaldas, pero éstos confesaron la verdad sobre el príncipe: tuvo lo que merecía. Confesaron que ellos no tenían opción, y que no podían oponerse a su tiranía. Esos mineros demostraron lo que más valoramos de la humanidad: empatía. Dejaron vivos a los dos guardaespaldas, que pudieron volver mediante la esfera luminosa.
Aquella vez, las celebraciones fueron durante el día… pero parece que, por la noche, los insectos también se comportaron de la misma manera, formando una gran calavera luminosa en el cielo. Su recuerdo termina abruptamente cuando de la boca de aquella imagen aterradora del cielo empieza a surgir una gran bola de luz. El anciano parpadea dos veces para comprobar que realmente se encuentra otra vez ante aquel fenómeno tan extraño y que ya no recordaba. Entonces no puede dejar de mirar con los ojos abiertos de par en par hacia el cielo…
En ese mismo momento, abajo en la plaza Emilio agarra del brazo a Claudia y le dice:
- Cariño, esto me da mala espina… deberíamos irnos...
- Pienso igual… es muy extraño… jamás había visto nada parecido…
Enseguida se recoge toda la familia y dejan la plaza, donde seguía la mayoría del pueblo observando aquella calavera, para irse directamente a su casa. Rápidamente suben a las ventanas del piso superior y siguen viendo ese extraño fenómeno de una forma más “segura”.
Mientras, en la plaza, mucha gente ha seguido su ejemplo y se ha ido, pero algunos valientes se han quedado mirando la calavera y esperando a ver qué pasaba a continuación. Fue entonces cuando los insectos que forman el retrato, como si estuvieran controlados de alguna forma, se mueven de manera que el dibujo de la calavera abre su boca poco a poco. En ese momento, unas pequeñas chispas originan una minúscula bola de luz blanca en el centro exacto de la boca, que poco a poco empieza a agrandarse.
Algunos deciden irse de la plaza, y ya solo quedan los más… ¿valientes? En ese momento, la bola de luz era tan grande como la boca de la calavera, y entonces fue cuando, de manera rápida, todos los insectos bio-luminiscentes dejaron de tener ese comportamiento y se fueron cada uno por su lado, desapareciendo la figura cadavérica con ellos… pero quedando esa bola luminosa en el cielo, que resplandecía con un inusitado brillo parpadeante. Lentamente empezó a descender hasta posarse suavemente encima del campanario de la pequeña iglesia local.
Desde lejos, Emilio sacó su smartphone último modelo, y enfocó a esa bola de luz que se había puesto encima de la iglesia. Usando su super-zoom de última generación, podía ver una mejor imagen, y la familia de Claudia se arremolinó a su lado para ver esas imágenes.
Como buen cuñado tecnológico, Emilio asumió su papel en ese momento, y tuvo la idea de compartir la pantalla del móvil en la televisión del salón, así todos podrían verlo mejor. De esta manera, todos se pusieron alrededor de la televisión, viendo la imagen que Emilio seguía grabando desde la ventana.
Fue entonces cuando el brillo de la esfera empezó a menguar, hasta que desapareció con un chisporroteo eléctrico, mostrando una figura humanoide en su interior. Todo el mundo pegó un grito cuando vio a ese ser. ¡Nadie esperaba una cosa así!
Desde la altura del campanario, el ser empieza a mirar a izquierda y derecha, observando a las pocas personas que quedan en la plaza. En ese momento, se queda mirando fijamente a un hombre: Francisco, el panadero. Esboza una tenebrosa sonrisa debajo de la no-nariz y extiende su mano.
Entonces Francisco empieza a levitar, como si le estuviera atrapando con la mano. Por mucho que intente moverse, no puede, y queda inevitablemente atrapado en esa tracción. La gente empieza a gritar y huye del lugar. La familia de Claudia está aterrorizada viendo todo ello en la pantalla, y Emilio debe sujetar el Smartphone con las dos manos, para que no se le note el tembleque.
El viejo anciano observa aterrado la escena también… y en ese momento recuerda que su padre le metió a él, a sus hermanos y a su madre en la despensa, y salió con los demás hombres con sus escopetas de caza. Solamente recuerda oír disparos hasta que nuevamente terminan sus viejos recuerdos.
Francisco llega finalmente a la altura de los ojos de ese ser. Tampoco puede gritar ni emitir sonido alguno más allá de algún gemido y la mayor o menor apertura de sus ojos. En ese momento, el ser empieza a hablar con una voz ronca y atronadora:
- Habitantes de la aldea… Tras los incidentes de nuestra última visita, en la que nuestro anterior emisario quedó gravemente herido, nos vemos en la obligación de recordarles el pacto que hicimos hace 300 de vuestros años.
La gente se queda estupefacta, primero por el perfecto vocabulario y capacidad de habla del ser, y segundo de los hechos que acababa de describir. Nadie sabía nada, absolutamente nada. Y es que la anterior vez que comenta el emisario, fue cuando el anciano de nuestra historia tenía 12 años.
Esa noche, nadie esperaba una cosa así cuando apareció esa criatura en el cielo, y menos cuando atrapó a la mujer del herrero. Todos los hombres encerraron a sus familias para protegerlos, cogieron sus armas y se dirigieron a la plaza del pueblo, donde abrieron fuego indiscriminadamente contra el ser. El resultado fue trágico… la mujer del herrero no lo consiguió, y ese ser perdió una pierna y un brazo, pero en un último momento logró escapar a través de un nuevo halo de luz en el cielo.
Con el tiempo, todo se perdió en el olvido popular al no poder demostrar nunca nada de esa noche.
- Hemos entendido que nuestra manera de proceder no fue la correcta la última vez, ya que han pasado muchos años para vosotros, y entendemos también que vuestro pueblo haya podido olvidarlo con el tiempo, así que voy a recordar el origen de nuestro pacto:
“En vuestro año 1726, se estrelló en estas montañas una pequeña nave robada de nuestra flota. En su interior viajaban el príncipe Karlax y sus dos guardaespaldas más leales. Ya reconocimos en su momento, que los métodos del príncipe no estaban muy bien vistos por nuestra sociedad, ya que era impulsivo, y a veces carente de lógica y diálogo.
Por aquel entonces, este pueblo todavía no existía, pero había un asentamiento minero que trabajaba en estas montañas desde hacía unos años. Cuando empezaron a ser atacados por el príncipe, cogieron lo que tenían a mano y empezaron a defenderse con uñas y dientes, hasta que, por una pirueta del destino, consiguieron abatirle.
Rápidamente acorralaron a los dos guardaespaldas, pero éstos confesaron la verdad sobre el príncipe: tuvo lo que merecía. Confesaron que ellos no tenían opción, y que no podían oponerse a su tiranía. Esos mineros demostraron lo que más valoramos de la humanidad: empatía. Dejaron vivos a los dos guardaespaldas, que pudieron volver mediante la esfera luminosa.
Unos días después, volvimos con nuestro primer emisario pacífico para hablar con esas personas de nuevo. La conversación estaba enfocada en que la Tierra era uno de los miles de objetivos que tenía nuestra raza, y que ese gesto nos había hecho recapacitar sobre la manera. Les propusimos un trato: a cambio de un sacrifico cada cien años humanos, les darían recursos suficientes para que el pueblo fuera próspero y viable durante un siglo, además de la promesa por escrito de dejar al planeta Tierra fuera de nuestra lista de objetivos.
Ese fue el pacto original con el que vuestros antepasados estuvieron de acuerdo, y así fundaron este pueblo, que siempre ha podido avanzar gracias a los recursos mineros que siempre pueden seguir excavando. Cuando ocurrió el incidente con el segundo emisario, y después de haber estudiado algunos especímenes humanos, nos dimos cuenta que 100 años son muchos, y un pueblo puede olvidarlo. Así pues, este es el motivo de este recordatorio. Dentro de 100 años, otro emisario volverá para llevarse a un nuevo espécimen… y así perdurará nuestro pacto. ¿Ha quedado todo claro?”
La incredulidad y estupefacción se apoderó de todos los presentes, y únicamente el alguacil tuvo el valor suficiente de dar un paso adelante en la plaza y decir:
- Entendemos todos los motivos… y debemos decir que no sabíamos nada de eso, pero queremos pediros por favor cambiar a nuestro querido Francisco… ¿no podemos ofrecerle a alguien más?
- Hmm… la verdad es que no lo había pensado, pero mientras yo me pueda ir con un espécimen, supongo que me da igual con cuál. Os doy 30 de vuestros minutos para decidir, sino escogeré yo…
Unos cuantos se agrupan en la plaza para hablar sobre ello, y agradecer que el alguacil hubiera reaccionado rápido, ofreciendo una alternativa para los aldeanos. Debían decidir in extremis, y era de vital importancia. Pero parece que alguien ya decidió en ese momento…
Volviendo a casa de la familia de Claudia, se puede ver a la abuela sentada en el sofá viendo que la imagen del televisor solo ofrece un plano fijo de la esquina con la cortina, detrás del sofá. Y es que el móvil de Emilio cayó al suelo en el momento en que Claudia y su familia se abalanzaron sobre él para dejarle inconsciente con un fuerte golpe en la cabeza.
Cuando recupera el sentido, descubre aterrorizado que los aldeanos se encuentran a su alrededor, en el centro mismo de la plaza, mientras Claudia lo mira con lágrimas en los ojos.
- Claudia, ¿qué demonios significa esto? ¿Qué hacéis?
- Lo siento, Emilio, no es nada personal, quiero que lo entiendas… pero el emisario se te debe llevar a ti…
En ese momento, aparece entre la gente la figura del alienígena, que se acerca con pasos lentos y firmes hacia él, mientras le dejan espacio de sobras a su paso, siendo blanco de todas las miradas. Cuando finalmente llega delante del pobre Emilio, extiende su mano y lo atrapa, igual que vieron hace un rato cómo lo hizo con el panadero. El joven intenta moverse, pero poco a poco queda inmóvil, y solamente puede abrir y mover sus ojos aterrados. El emisario se gira hacia el alguacil una última vez:
- Esta vez recordad que, dentro de 100 años, otro emisario vendrá, y otro espécimen deberá ser entregado. Así es como mantendréis el pacto, humanos…
- Descuide, así lo haremos, Emisario.
Antes de irse, saca un pequeño dispositivo del bolsillo, no más grande que un móvil. Presiona un botón y lo tira a la falda de la montaña. En un abrir y cerrar de ojos, el dispositivo explota de manera luminosa, pero sin ningún tipo de daño ni explosión de fuego. Simplemente luz que hace que durante unos segundos se haga de día. Lo que acababa de hacer el alienígena fue rociar la zona con unas nano-partículas que regeneraban el ADN y los nexos atómicos. Así era como mantenían la fertilidad de la zona durante un siglo más, en un lugar que ya estaría condenado por la deforestación y contaminación… y hubiera desaparecido con el tiempo…
Ese fue el pacto original con el que vuestros antepasados estuvieron de acuerdo, y así fundaron este pueblo, que siempre ha podido avanzar gracias a los recursos mineros que siempre pueden seguir excavando. Cuando ocurrió el incidente con el segundo emisario, y después de haber estudiado algunos especímenes humanos, nos dimos cuenta que 100 años son muchos, y un pueblo puede olvidarlo. Así pues, este es el motivo de este recordatorio. Dentro de 100 años, otro emisario volverá para llevarse a un nuevo espécimen… y así perdurará nuestro pacto. ¿Ha quedado todo claro?”
La incredulidad y estupefacción se apoderó de todos los presentes, y únicamente el alguacil tuvo el valor suficiente de dar un paso adelante en la plaza y decir:
- Entendemos todos los motivos… y debemos decir que no sabíamos nada de eso, pero queremos pediros por favor cambiar a nuestro querido Francisco… ¿no podemos ofrecerle a alguien más?
- Hmm… la verdad es que no lo había pensado, pero mientras yo me pueda ir con un espécimen, supongo que me da igual con cuál. Os doy 30 de vuestros minutos para decidir, sino escogeré yo…
Unos cuantos se agrupan en la plaza para hablar sobre ello, y agradecer que el alguacil hubiera reaccionado rápido, ofreciendo una alternativa para los aldeanos. Debían decidir in extremis, y era de vital importancia. Pero parece que alguien ya decidió en ese momento…
Volviendo a casa de la familia de Claudia, se puede ver a la abuela sentada en el sofá viendo que la imagen del televisor solo ofrece un plano fijo de la esquina con la cortina, detrás del sofá. Y es que el móvil de Emilio cayó al suelo en el momento en que Claudia y su familia se abalanzaron sobre él para dejarle inconsciente con un fuerte golpe en la cabeza.
Cuando recupera el sentido, descubre aterrorizado que los aldeanos se encuentran a su alrededor, en el centro mismo de la plaza, mientras Claudia lo mira con lágrimas en los ojos.
- Claudia, ¿qué demonios significa esto? ¿Qué hacéis?
- Lo siento, Emilio, no es nada personal, quiero que lo entiendas… pero el emisario se te debe llevar a ti…
En ese momento, aparece entre la gente la figura del alienígena, que se acerca con pasos lentos y firmes hacia él, mientras le dejan espacio de sobras a su paso, siendo blanco de todas las miradas. Cuando finalmente llega delante del pobre Emilio, extiende su mano y lo atrapa, igual que vieron hace un rato cómo lo hizo con el panadero. El joven intenta moverse, pero poco a poco queda inmóvil, y solamente puede abrir y mover sus ojos aterrados. El emisario se gira hacia el alguacil una última vez:
- Esta vez recordad que, dentro de 100 años, otro emisario vendrá, y otro espécimen deberá ser entregado. Así es como mantendréis el pacto, humanos…
- Descuide, así lo haremos, Emisario.
Antes de irse, saca un pequeño dispositivo del bolsillo, no más grande que un móvil. Presiona un botón y lo tira a la falda de la montaña. En un abrir y cerrar de ojos, el dispositivo explota de manera luminosa, pero sin ningún tipo de daño ni explosión de fuego. Simplemente luz que hace que durante unos segundos se haga de día. Lo que acababa de hacer el alienígena fue rociar la zona con unas nano-partículas que regeneraban el ADN y los nexos atómicos. Así era como mantenían la fertilidad de la zona durante un siglo más, en un lugar que ya estaría condenado por la deforestación y contaminación… y hubiera desaparecido con el tiempo…
El único que no estaba de acuerdo con todo ello era el pobre Emilio… capturado por el Emisario, que vio aterrorizado, y sin poder moverse, como ese ser lanzó al aire otro pequeño dispositivo que estalló en una esfera de luz eléctrica. Mediante un leve gesto de muñeca, el alien movió a Emilio hasta que este se introdujo dentro de la luz. A continuación, el alien echó un último vistazo al pueblo para finalmente introducirse en la esfera y desaparecer en su interior. Instantes después, la esfera desaparece mediante unos chisporroteos eléctricos.
Claudia empieza a llorar desconsoladamente, mientras sus familiares y amigos le arropan, recordándole que fue la mejor decisión que podían tomar. La vida debe seguir, y después de ese incidente de fin de año, ya se encargaron de dejar constancia de su secreto para las generaciones venideras, y poder perpetuar así su modus vivendi…
Pero más allá de lo que la gente de ese lugar cree, ni Emilio ni ninguno de los otros sacrificios estaban muertos… Su destino podría decirse que fue algo más oscuro y sorprendente, desafiando toda lógica humana… aunque habrá que esperar un tiempo para volver a verlos…
Claudia empieza a llorar desconsoladamente, mientras sus familiares y amigos le arropan, recordándole que fue la mejor decisión que podían tomar. La vida debe seguir, y después de ese incidente de fin de año, ya se encargaron de dejar constancia de su secreto para las generaciones venideras, y poder perpetuar así su modus vivendi…
Pero más allá de lo que la gente de ese lugar cree, ni Emilio ni ninguno de los otros sacrificios estaban muertos… Su destino podría decirse que fue algo más oscuro y sorprendente, desafiando toda lógica humana… aunque habrá que esperar un tiempo para volver a verlos…
¡Feliz año nuevo a todos los mundos!
Story publicada en la web el 31 / 12 / 2025
© 2025 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 171, "Feliz Horror Nuevo".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2511173715397
Fecha de registro: noviembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
Disturbing Stories, número 171, "Feliz Horror Nuevo".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2511173715397
Fecha de registro: noviembre 2025.
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