DISTURBING STORIES
  • HOME
  • STORIES
  • MEDIA
  • COMPRAR
  • +
    • FAQ
    • BLOG
    • FREE PDF
    • TEASERS
    • CONTACT
Foto
⌛ 10 min
Foto
  • LEER
  • CASTILLO
  • PORTADA
  • TEASER
<
>
Los niños jugaban cerca del Castillo de Sant Jordi, ajenos al peso de la historia que se acumulaba bajo sus pies. Para ellos, las murallas erosionadas eran solo un decorado perfecto para imaginar batallas, dragones y hazañas imposibles. El sol de la mañana iluminaba la piedra antigua cuando decidieron explorar los pasadizos que se adentraban en unas viejas fortificaciones de la época de la guerra civil.
El túnel era estrecho y húmedo, y el eco de sus pasos se mezclaba con el goteo constante del agua que se filtraba desde la roca. Al final del pasillo, donde el suelo se hundía formando una pequeña cavidad inundada, una de las niñas vio algo brillar bajo la superficie.
 
Metió la mano y extrajo una pequeña esfera lisa, del tamaño de una manzana. Su superficie era oscura, pero reflejaba la luz con un brillo profundo, casi vivo.
 
—Parece un tesoro —dijo uno de los niños a su lado, fascinado.
 
La guardaron con cuidado y salieron del túnel riendo, convencidos de haber descubierto algo extraordinario. Montaron en sus bicicletas y se alejaron del castillo por el camino que descendía hacia el pueblo.
 
Entonces, sin previo aviso, la niña que llevaba la esfera se detuvo en seco, y su cuerpo salió despedido hacia atrás, como si hubiera chocado contra una pared invisible, cayendo al suelo.
 
Los demás frenaron enseguida, sobresaltados, y regresaron corriendo.
 
—¿Estás bien?
 
Ella se levantó, confusa, e intentó avanzar. De nuevo, algo invisible le bloqueó el paso. No había nada delante de ella, pero, por alguna extraña razón, no podía cruzar aquel límite.
 
El miedo se extendió rápidamente.
 
—¡Es la esfera! —dijo uno, temblando— ¡Te está haciendo algo!
 
Sin pensarlo más, la niña lanzó el orbe a unos arbustos cercanos. En el mismo instante en que la esfera tocó el suelo, la presión desapareció y la niña pudo avanzar. Rápidamente subieron a las bicicletas y huyeron del lugar, con la sensación y miedo de haber despertado algo que no debía ser perturbado…
 
A media tarde, una mujer belga paseaba a sus perros por la zona. Se alojaba en una caravana cercana y disfrutaba de la tranquilidad del entorno, cuando uno de los animales se detuvo de repente y comenzó a ladrar hacia unos arbustos.
 
Entonces, un destello llamó su atención.
 
La mujer encontró la pequeña esfera, que en aquel momento era cálida al tacto. La sostuvo con curiosidad mientras los perros gruñían inquietos.
La guardó en la mano que tenía libre, para seguir observándola, y continuó su paseo en dirección al castillo… pero a cada paso, el ambiente se volvía más extraño. El viento soplaba frío, con un sonido agudo al atravesar las ramas. La playa estaba casi desierta y el aparcamiento apenas tenía vehículos.
 
Al llegar a la base del castillo, los perros comenzaron a ladrar desesperadamente, mirando hacia lo alto, y la mujer alzó la vista para descubrir algo perturbador e inesperado…
 
Sobre el muro superior del castillo se recortaba una figura gigantesca de forma humanoide. No era sólida, sino que su cuerpo parecía compuesto de bruma y sombras, sostenido por una estructura apenas definida. La mujer no fue capaz de moverse mientras dos enormes ojos vacíos se clavaron en ella con una intensidad insoportable.
 
Nunca nadie la había observado de aquel modo…
 
La criatura se apoyaba en la muralla, como si formara parte de ella. Lentamente, levantó un brazo con una mano gigantesca, terminada en largas uñas, que comenzó a descender hacia ella.
 
Los perros tiraron con fuerza de la correa, y el miedo rompió su parálisis, consiguiendo que la mujer echara a correr. En un acto reflejo, lanzó la esfera hacia atrás.
 
Entonces, se detuvo varios metros más adelante y miró hacia atrás para descubrir que la criatura no la estaba siguiendo…
 
Con un gesto sorprendentemente preciso, el gigante recogió la pequeña esfera entre dos de sus uñas. La elevó hasta la altura de su rostro y la observó durante largos segundos. Después abrió la boca y la engulló.
El cuerpo del ser comenzó a deshacerse en filamentos de humo que se evaporaron lentamente hasta desaparecer por completo.
 
Las últimas partículas flotaban hacia arriba cuando un dron descendió desde el cielo segundos después. Se aproximó a la mujer, inmóvil y en estado de shock. Un potente destello blanco iluminó la escena, como si el dron les hubiera hecho una foto con flash. Cuando la luz se disipó, su expresión era vacía, ya que no recordaría nada con claridad tras esa “foto”…
 
El dron se elevó y se alejó del castillo, dejando atrás esa escena tan surreal que acababa de suceder.
.
.
.
En una instalación remota, dos investigadores estaban observando la retransmisión de esa señal.
 
—Ha vuelto a manifestarse —dijo uno—. Tal como ocurrió en 1650.
 
—Y esta vez hemos llegado a tiempo —respondió el otro—. La red de detección funcionó.
 
Un tercer monitor mostraba documentos antiguos digitalizados: pergaminos escritos con letra temblorosa.
 
—El monje peregrino —añadió el primero—. El único testigo que dejó constancia real de lo ocurrido.
 
En aquellos textos se relataban los sucesos de mediados del siglo XVII. Durante la Guerra dels Segadors, el castillo de Sant Jordi fue bombardeado por galeras castellanas para evitar que franceses y catalanes se fortificaran allí. El edificio, que había sido un antiguo hospital fortificado, quedó gravemente dañado.
Pero el monje describía algo más.
 
En mitad del enfrentamiento, desde las aguas cercanas emergió un gigante. Un ser colosal de piel oscura que destruyó galeras, murallas y defensas por igual. No distinguía bandos mientras su furia arrasaba todo a su paso… y cuando el caos terminó, el castillo quedó prácticamente destruido… hecho que hizo huir a los supervivientes…
 
Nadie creyó aquel relato, y fue catalogado como herejía y fantasía… consiguiendo que fuera borrado de la historia.
 
—Lo que vieron entonces —dijo uno de los científicos— era la misma entidad… pero en estado físico.
 
—Y hoy… solo su fase espectral —añadió el otro.
 
Un joven becario observaba la pantalla, fascinado.
 
—¿Qué es exactamente?
 
—Un arqueo-biólogo —respondió el investigador—. No es un guardián, es un científico.
 
Mucho antes de que existiera el castillo, incluso antes del dominio romano, sabemos que una expedición alienígena visitó la Tierra. No eran conquistadores: eran ingenieros, botánicos, arqueo-biólogos… seres dedicados al estudio de civilizaciones emergentes.
 
Su objetivo era simple: observar + registrar + aprender.
 
En el subsuelo del lugar donde siglos después se levantaría Sant Jordi, dejaron un dispositivo experimental: una diminuta esfera capaz de absorber información cultural, tecnológica y social de una especie inteligente a lo largo del tiempo, además de otros datos del entorno. La esfera se nutría de lo que tenía alrededor, creciendo lentamente conforme acumulaba datos de la propia biosfera. Allí concretamente era muy rica en posidonia, un hecho que influyó en su longevidad como dispositivo.
 
Uno de los arqueo-biólogos se quedó en el planeta para supervisar el experimento. Su especie poseía una tecnología avanzada que les permitía alterar la vibración de su cuerpo, cambiando de fase. Eran capaces de existir de forma material o incorpórea, atravesando el tiempo con una longevidad casi ilimitada.
 
Cuando el experimento fue perturbado en 1650, el arqueo-biólogo emergió en su forma física, reaccionando de manera violenta ante una amenaza directa al experimento.
 
Siglos después, el orbe alcanzó su capacidad máxima.
 
En el momento en que los niños lo extrajeron del túnel, el sistema de emergencia se activó, y el arqueo-biólogo se manifestó de nuevo, esta vez en su fase espectral. Recuperó el orbe y activó el protocolo final. Su desintegración no fue muerte… fue retorno…
 
.
.
.
 
En un punto remoto del universo, el arqueo-biólogo reapareció y depositó la esfera junto a cientos de otras similares... Eran experimentos completos… historias enteras de civilizaciones observadas en silencio.
 
La humanidad fue solo una más.
 
Esa organización de la Tierra que vigilaba con los drones nunca sabría qué conocimiento fue recopilado… ni con qué propósito final…
 
Y la pregunta seguiría sin respuesta: ¿Observan por curiosidad? ¿O por preparación?
 
Porque ninguna civilización estudia durante milenios…
sin esperar, algún día, aplicar lo aprendido…
Descubre y visita el castillo real en el que se ha basado esta historia, visita la página oficial en la web de Turismo de L'Ametlla de Mar, clicando en la siguiente imagen:
Picture
La ilustración de la portada fue realizada por el artista ucrainés Bedevelskyi Viktor
Picture
© 2026 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 162, "El Fantasma Gigante".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2601264369452
​Fecha de registro: enero 2026.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
VOLVER AL MENÚ DE STORIES
" No importa dónde, cómo, o cuando… ¡pero lee! "

Picture
A partir de 13 años 
FAQ

Published Stories:

080226


© ALL RIGHTS RESERVED

  • HOME
  • STORIES
  • MEDIA
  • COMPRAR
  • +
    • FAQ
    • BLOG
    • FREE PDF
    • TEASERS
    • CONTACT