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Por fin había llegado el momento.
La puerta principal de la mansión se abrió sola de par en par, dando sendos portazos al golpear contra las paredes.
Cierra los ojos, coge una bocanada de aire, y sale al exterior.
La puerta principal de la mansión se abrió sola de par en par, dando sendos portazos al golpear contra las paredes.
Cierra los ojos, coge una bocanada de aire, y sale al exterior.
La noche refrescaba con una leve brisa, y se oía una envolvente melodía que creaban los grillos de alrededor. Abre los ojos y puede ver la zona residencial que rodeaba esa antigua mansión.
La luna era lo único que proporcionaba un poco de luz en la oscuridad de la noche.
Una sonrisa empieza a esbozarse en la cara del hombre, y poco a poco se va convirtiendo en una carcajada de oreja a oreja que resuena por toda la calle. Daba escalofríos esa risotada maligna…
Por fin podía salir de esa mansión, aunque fuera sólo por un periodo corto de tiempo.
Ese era uno de los precios que pagó Azel hace mucho tiempo por tener el derecho de habitar “con y en” esa mansión. ¿Y esto qué significa? Pues que la mansión y él son la misma entidad.
Su historia se remonta al siglo XVII, pero años más tarde se dio cuenta de que necesitaba un huésped para poder operar correctamente la mansión. Las cláusulas que debería seguir el o la huésped de Azel serían un total de cuatro:
La primera era que su vida tal y como era antes, desaparecía. Esa persona ya no existía.
La segunda, y muy importante: su cometido ahora era conseguir almas para su señor Azel. Debía cosecharlas en el interior de la mansión, ya que esto llevaba a la tercera cláusula: como el edificio y él se unieron en simbiosis, sólo podía habitar ahí, en esa casa…
…y por eso se le concedió la cuarta cláusula: por cada alma cosechada, obtenía la capacidad de adoptar su aspecto, y poder salir por poco tiempo al exterior.
Pero, cuando un demonio concede, siempre hay un precio, y en este caso fue que la persona disponía solamente de un siglo hasta que quedaba poseída completamente por Azel, y su cuerpo se consumía definitivamente.
De esta manera, se realizó un trato bastante justo para el antiguo huésped, que estaba maravillado y obsesionado con esas nuevas facultades oscuras.
El tiempo pasó, y finalmente llegó 1991, que fue cuando el demonio acabó de poseer el cuerpo que una vez fue el antiguo inquilino, consumiéndole definitivamente. Tuvo que buscar a otro huésped, pero tardó poco en encontrar a alguien que ocupó ese lugar… en este caso fue una huésped.
Volviendo a la actualidad, en 2020, hace pocas horas que la huésped ha cosechado una nueva alma para Azel. En este caso, ha tomado la forma de una máquina de escribir, y resultó una estrategia bastante buena, porque llevaba unos años haciéndolo así, y había conseguido atraer a muchas más almas de las esperadas.
A esa última víctima, un escritor mediocre de libros de autoayuda con el pseudónimo de Rubén Charming, le picó demasiado la curiosidad, y se adentró en la mansión, junto con su perro, atraído por el sonido de una antigua máquina de escribir.
El aspecto de Rubén es el que tenía ahora Azel, justo en el momento en que sale de la mansión para disfrutar de ese periodo corto de libertad que le otorgaba esa captura.
Empezó a andar hacia un pequeño parque que había en la esquina, para entrar de un salto inhumano y tirarse de cabeza a un pequeño estanque que había allí. Después de tanto tiempo encerrado, le encantaba experimentar sensaciones que en la mansión no tenía. Se sumergió hasta llegar al fondo, dio la vuelta, y se dirigió a la superficie de nuevo. Entonces, entre los árboles de enfrente, divisa una silueta con dos puntos blancos en donde se supone que están los ojos.
Rápidamente sale del agua y se acerca. La figura da un par de pasos para salir de los árboles, hasta que la tenue luz de la luna muestra a alguien encapuchado con una túnica larga hasta el suelo. Sus inquietantes ojos brillantes eran lo único que podía divisar de su cara, prácticamente en la penumbra, y por detrás de la túnica asomaba una cola terminada en punta que se mecía lentamente.
- Hola, Azel… hermosa noche…
- ¡Kronas! – sorprendido - ¿a qué debo su visita? – y rápidamente hinca la rodilla ante ese conocido demonio de tez azul.
- Por favor, levántate Azel. He venido aquí porque tengo un cometido para ti…
- ¿Un cometido?
- Así es. Puedes tomarme como un emisario de futuras desgracias, porque sé lo que está por venir. Y tú tienes un pequeño papel que será clave para la supervivencia del SubMundo.
- ¿De qué se trata?
- Bien, sin rodeos. Dentro de una semana exactamente se van a abrir unos portales en el cielo. De ahí van a salir una ingente cantidad de criaturas aterradoras. Los tuyos necesitan conocer unos datos del otro lado del portal, porque sin ellos estarán perdidos. No puedo explicarte demasiado, solamente tendrías que llevar contigo esta baliza. – le extiende un pequeño dispositivo esférico - No hay que pulsar nada, simplemente llevándola contigo ya funciona sola y hará llegar la información necesaria.
- …y ¿porque yo? ¿Porque no enviar a otro más poderoso a una misión así?
- Para este cometido hace falta sigilo, y en este momento del tiempo tú eres el único que puede adoptar cualquier forma durante un periodo suficientemente continuado. Y, además, acabas de atrapar a la persona correcta para tu misión.
- ¿A, si? ¿Y eso por qué?
- Te voy a explicar lo que hay que hacer: el escritor del que tienes el aspecto ahora mismo, tiene un vuelo con destino Vancouver la semana que viene, que pasará por el sitio exacto y la hora exacta en que se abre uno de estos portales. Esa es tu oportunidad de acceder fácilmente a ese otro lado para poder dejar la baliza.
La luna era lo único que proporcionaba un poco de luz en la oscuridad de la noche.
Una sonrisa empieza a esbozarse en la cara del hombre, y poco a poco se va convirtiendo en una carcajada de oreja a oreja que resuena por toda la calle. Daba escalofríos esa risotada maligna…
Por fin podía salir de esa mansión, aunque fuera sólo por un periodo corto de tiempo.
Ese era uno de los precios que pagó Azel hace mucho tiempo por tener el derecho de habitar “con y en” esa mansión. ¿Y esto qué significa? Pues que la mansión y él son la misma entidad.
Su historia se remonta al siglo XVII, pero años más tarde se dio cuenta de que necesitaba un huésped para poder operar correctamente la mansión. Las cláusulas que debería seguir el o la huésped de Azel serían un total de cuatro:
La primera era que su vida tal y como era antes, desaparecía. Esa persona ya no existía.
La segunda, y muy importante: su cometido ahora era conseguir almas para su señor Azel. Debía cosecharlas en el interior de la mansión, ya que esto llevaba a la tercera cláusula: como el edificio y él se unieron en simbiosis, sólo podía habitar ahí, en esa casa…
…y por eso se le concedió la cuarta cláusula: por cada alma cosechada, obtenía la capacidad de adoptar su aspecto, y poder salir por poco tiempo al exterior.
Pero, cuando un demonio concede, siempre hay un precio, y en este caso fue que la persona disponía solamente de un siglo hasta que quedaba poseída completamente por Azel, y su cuerpo se consumía definitivamente.
De esta manera, se realizó un trato bastante justo para el antiguo huésped, que estaba maravillado y obsesionado con esas nuevas facultades oscuras.
El tiempo pasó, y finalmente llegó 1991, que fue cuando el demonio acabó de poseer el cuerpo que una vez fue el antiguo inquilino, consumiéndole definitivamente. Tuvo que buscar a otro huésped, pero tardó poco en encontrar a alguien que ocupó ese lugar… en este caso fue una huésped.
Volviendo a la actualidad, en 2020, hace pocas horas que la huésped ha cosechado una nueva alma para Azel. En este caso, ha tomado la forma de una máquina de escribir, y resultó una estrategia bastante buena, porque llevaba unos años haciéndolo así, y había conseguido atraer a muchas más almas de las esperadas.
A esa última víctima, un escritor mediocre de libros de autoayuda con el pseudónimo de Rubén Charming, le picó demasiado la curiosidad, y se adentró en la mansión, junto con su perro, atraído por el sonido de una antigua máquina de escribir.
El aspecto de Rubén es el que tenía ahora Azel, justo en el momento en que sale de la mansión para disfrutar de ese periodo corto de libertad que le otorgaba esa captura.
Empezó a andar hacia un pequeño parque que había en la esquina, para entrar de un salto inhumano y tirarse de cabeza a un pequeño estanque que había allí. Después de tanto tiempo encerrado, le encantaba experimentar sensaciones que en la mansión no tenía. Se sumergió hasta llegar al fondo, dio la vuelta, y se dirigió a la superficie de nuevo. Entonces, entre los árboles de enfrente, divisa una silueta con dos puntos blancos en donde se supone que están los ojos.
Rápidamente sale del agua y se acerca. La figura da un par de pasos para salir de los árboles, hasta que la tenue luz de la luna muestra a alguien encapuchado con una túnica larga hasta el suelo. Sus inquietantes ojos brillantes eran lo único que podía divisar de su cara, prácticamente en la penumbra, y por detrás de la túnica asomaba una cola terminada en punta que se mecía lentamente.
- Hola, Azel… hermosa noche…
- ¡Kronas! – sorprendido - ¿a qué debo su visita? – y rápidamente hinca la rodilla ante ese conocido demonio de tez azul.
- Por favor, levántate Azel. He venido aquí porque tengo un cometido para ti…
- ¿Un cometido?
- Así es. Puedes tomarme como un emisario de futuras desgracias, porque sé lo que está por venir. Y tú tienes un pequeño papel que será clave para la supervivencia del SubMundo.
- ¿De qué se trata?
- Bien, sin rodeos. Dentro de una semana exactamente se van a abrir unos portales en el cielo. De ahí van a salir una ingente cantidad de criaturas aterradoras. Los tuyos necesitan conocer unos datos del otro lado del portal, porque sin ellos estarán perdidos. No puedo explicarte demasiado, solamente tendrías que llevar contigo esta baliza. – le extiende un pequeño dispositivo esférico - No hay que pulsar nada, simplemente llevándola contigo ya funciona sola y hará llegar la información necesaria.
- …y ¿porque yo? ¿Porque no enviar a otro más poderoso a una misión así?
- Para este cometido hace falta sigilo, y en este momento del tiempo tú eres el único que puede adoptar cualquier forma durante un periodo suficientemente continuado. Y, además, acabas de atrapar a la persona correcta para tu misión.
- ¿A, si? ¿Y eso por qué?
- Te voy a explicar lo que hay que hacer: el escritor del que tienes el aspecto ahora mismo, tiene un vuelo con destino Vancouver la semana que viene, que pasará por el sitio exacto y la hora exacta en que se abre uno de estos portales. Esa es tu oportunidad de acceder fácilmente a ese otro lado para poder dejar la baliza.
- Entiendo…
- Esto es lo que estabas esperando, Azel… después de tantos años, esta hazaña va a salvar a los demonios, y te va a granjear ese respeto que estabas buscando.
- Aunque sé que es difícil que pueda volver, cuente conmigo, señor Kronas. Si este tiene que ser el final de mi historia, estoy dispuesto a sacrificarme por un bien mayor para el SubMundo.
- Si cumples tu parte, tu nombre siempre será recordado. Yo personalmente me encargaré de ello.
Azel asiente patrióticamente con la cabeza. Ese era su momento de demostrar quién era al resto de demonios. Kronas no decía nada al azar, y cuando intervenía en algún hecho, sabía perfectamente lo que hacía.
Tiempos oscuros se acercaban, así que Azel decidió invertir sus últimos siete días en dejar sus memorias escritas en la biblioteca de su mansión, y poco a poco se fue despidiendo de lo que había sido su vida durante más de 350 años… Entendía la importancia de su cometido, y no fallaría al señor Kronas.
La mañana de ese fatídico día, se dirigió al aeropuerto con el aspecto de Rubén Charming, y tras pasar los controles, embarcó a las 11 de la mañana.
Una hora después, todo cambiaría…
Después de tantos años, Azel decidió aceptar su destino, y embarcarse en esa misión, aparentemente sin retorno, confiando en que ese portal se abriría en el cielo a las 12 en punto del mediodía, tal y como vaticinó Kronas.
¿Qué habrá en el Otro Lado?
Empieza el tic tac del reloj…
- Esto es lo que estabas esperando, Azel… después de tantos años, esta hazaña va a salvar a los demonios, y te va a granjear ese respeto que estabas buscando.
- Aunque sé que es difícil que pueda volver, cuente conmigo, señor Kronas. Si este tiene que ser el final de mi historia, estoy dispuesto a sacrificarme por un bien mayor para el SubMundo.
- Si cumples tu parte, tu nombre siempre será recordado. Yo personalmente me encargaré de ello.
Azel asiente patrióticamente con la cabeza. Ese era su momento de demostrar quién era al resto de demonios. Kronas no decía nada al azar, y cuando intervenía en algún hecho, sabía perfectamente lo que hacía.
Tiempos oscuros se acercaban, así que Azel decidió invertir sus últimos siete días en dejar sus memorias escritas en la biblioteca de su mansión, y poco a poco se fue despidiendo de lo que había sido su vida durante más de 350 años… Entendía la importancia de su cometido, y no fallaría al señor Kronas.
La mañana de ese fatídico día, se dirigió al aeropuerto con el aspecto de Rubén Charming, y tras pasar los controles, embarcó a las 11 de la mañana.
Una hora después, todo cambiaría…
Después de tantos años, Azel decidió aceptar su destino, y embarcarse en esa misión, aparentemente sin retorno, confiando en que ese portal se abriría en el cielo a las 12 en punto del mediodía, tal y como vaticinó Kronas.
¿Qué habrá en el Otro Lado?
Empieza el tic tac del reloj…
La ilustración de la portada fue realizada por el artista ucrainés Bedevelskyi Viktor
© 2025 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 156, "El Cometido".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2509163090876
Fecha de registro: septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
Disturbing Stories, número 156, "El Cometido".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2509163090876
Fecha de registro: septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.



