-
LEER
-
TEASER
<
>
Era sábado por la tarde, además de estar acompañados por una fuerte tormenta con rayos y truenos constantes. Ayer, viernes, terminamos los últimos dos exámenes del trimestre, y teníamos por delante todo el fin de semana para dedicarlo a nuestro hobby favorito: ¡Battleaxe!
Se trata de un juego de miniaturas de temática medieval-fantástica, en el que cada jugador se pone en la piel de un general comandando su ejército en el campo de batalla, para intentar derrotar a su rival.
Cada jugador tiene su propio ejército, que ha estado coleccionando, montando y pintando miniatura a miniatura. Ese hobby tenía varias patas, y, antes de jugar, tenías muchas cosas por hacer, como preparar tus estrategias poniendo unas u otras figuras en tus listas de ejército. No era necesario saber jugar bien para seguir en el hobby, ya que permitía una experiencia completa con otros medios, como novelas o videojuegos para profundizar en su densa historia.
Había varias facciones disponibles, y cada uno de nosotros teníamos un ejército distinto. Fred tenía los Barones Vampíricos, Ron jugaba con sus Magos Élficos, George pretendía asustarnos con sus Bestias Caóticas, y yo resistía con mis Esqueletos Vivientes.
Llevábamos unos tres años desde que descubrimos la revista mensual por primera vez en el quiosco, y poco después asistimos a una partida de demostración en una de las tiendas oficiales. Solo hizo falta eso para engancharnos a este maravilloso hobby.
Se trata de un juego de miniaturas de temática medieval-fantástica, en el que cada jugador se pone en la piel de un general comandando su ejército en el campo de batalla, para intentar derrotar a su rival.
Cada jugador tiene su propio ejército, que ha estado coleccionando, montando y pintando miniatura a miniatura. Ese hobby tenía varias patas, y, antes de jugar, tenías muchas cosas por hacer, como preparar tus estrategias poniendo unas u otras figuras en tus listas de ejército. No era necesario saber jugar bien para seguir en el hobby, ya que permitía una experiencia completa con otros medios, como novelas o videojuegos para profundizar en su densa historia.
Había varias facciones disponibles, y cada uno de nosotros teníamos un ejército distinto. Fred tenía los Barones Vampíricos, Ron jugaba con sus Magos Élficos, George pretendía asustarnos con sus Bestias Caóticas, y yo resistía con mis Esqueletos Vivientes.
Llevábamos unos tres años desde que descubrimos la revista mensual por primera vez en el quiosco, y poco después asistimos a una partida de demostración en una de las tiendas oficiales. Solo hizo falta eso para engancharnos a este maravilloso hobby.
Nosotros ya éramos bastante peculiares, y poder hacer todo lo que ofrecía Battleaxe hizo aflorar en nosotros mucha imaginación, porque íbamos creando varias campañas para avanzar en un modo historia que nosotros mismos creábamos sobre la marcha. Era genial poder vivir esas aventuras y desventuras con los personajes de nuestros ejércitos, mientras cada vez íbamos mejorando nuestro nivel de pintura y nos empapábamos más de esa increíble historia del trasfondo.
Pero ese lluvioso sábado por la tarde, George, que fue siempre el más cafre, nos quiso sorprender con algo nuevo que había encontrado en un mercadillo de artículos de segunda mano.
Plantó en medio de la mesa una caja de madera sin indicación alguna, y todos nos quedamos a la expectativa, viendo como empezaba a hablar muy orgullosamente:
- Generales, debo deciros que el fin de semana pasado fui con mis padres al pueblo de la montaña, donde siempre pasamos los agostos, pero esta vez había un mercadillo ambulante de anticuarios y segunda mano en la plaza durante todo el domingo por la mañana. Estuvimos dando una vuelta por ahí, hasta que me paré en seco cuando vi esto. Regateé el precio un poco, y finalmente lo compré muy barato. Os presento… - en ese momento abre dramáticamente la tapa de la caja - … ¡mi nuevo ejército de Bestias Caóticas!
Todos nos quedamos boquiabiertos cuando empezamos a contemplar esas nuevas y desconocidas miniaturas, tan bella y horrendamente esculpidas, y tan perfectamente pintadas. En el interior de la caja había unas 50 miniaturas de monstruos de distintos tamaños y formas. Algunos podían juntarse en pequeños regimientos de 5-10 figuras, mientras que otros eran guerreras y guerreros especialistas, y algunos monstruos grandes. También había un compartimento con un juego completo de dados personalizados de ese ejército.
Pero ese lluvioso sábado por la tarde, George, que fue siempre el más cafre, nos quiso sorprender con algo nuevo que había encontrado en un mercadillo de artículos de segunda mano.
Plantó en medio de la mesa una caja de madera sin indicación alguna, y todos nos quedamos a la expectativa, viendo como empezaba a hablar muy orgullosamente:
- Generales, debo deciros que el fin de semana pasado fui con mis padres al pueblo de la montaña, donde siempre pasamos los agostos, pero esta vez había un mercadillo ambulante de anticuarios y segunda mano en la plaza durante todo el domingo por la mañana. Estuvimos dando una vuelta por ahí, hasta que me paré en seco cuando vi esto. Regateé el precio un poco, y finalmente lo compré muy barato. Os presento… - en ese momento abre dramáticamente la tapa de la caja - … ¡mi nuevo ejército de Bestias Caóticas!
Todos nos quedamos boquiabiertos cuando empezamos a contemplar esas nuevas y desconocidas miniaturas, tan bella y horrendamente esculpidas, y tan perfectamente pintadas. En el interior de la caja había unas 50 miniaturas de monstruos de distintos tamaños y formas. Algunos podían juntarse en pequeños regimientos de 5-10 figuras, mientras que otros eran guerreras y guerreros especialistas, y algunos monstruos grandes. También había un compartimento con un juego completo de dados personalizados de ese ejército.
- Oye, ¿esto qué es? Estas miniaturas no son oficiales, ¿de dónde han salido?
- Se lo pregunté al señor del mercadillo, y solo me contestó “estas miniaturas estaban en un trastero que gané en una subasta”. Desconocía su origen ni nada acerca del propietario anterior, pero durante toda la semana he estado mirando una a una las minis, y cuadran con algunas medidas de las oficiales, así que, si no os importa, jugaré con los perfiles de juego oficiales, pero con éstas miniaturas únicas.
- ¡La verdad es que son muy chulas! Nunca había visto nada igual…
- Molan mucho, por eso no pude dejarlas pasar.
- Venga, vamos a ver entonces de que pasta están hechas. El último día la historia nos llevó a un punto en el que hoy nos tendremos que enfrentar todos contra todos para ver quien logra quedarse con el Castillo de Greyfax. Buena suerte, caballeros. ¡Cojan sus dados y dispónganse para su tirada inicial!
Y ahí empezó otra genial tarde de juego con Battleaxe… aunque, mientras seguía rugiendo esa tremenda tormenta, no podíamos imaginar lo que estaba por venir…
George colocó meticulosa y estratégicamente cada una de sus nuevas miniaturas en el campo de batalla, mientras seguía admirando sus formas y colores. La tirada inicial le otorgó a Ron el turno inicial, y así fue como empezó a mover sus distintas unidades de Magos Élficos. Ese ejército era muy bueno disparando flechas y realizando conjuros mágicos, así que los fue distribuyendo para ese fin.
Luego le tocó a Fred empezar a mover sus vampiros. Éstos eran buenos en combate cuerpo a cuerpo y ataques aéreos con sus bestias-murciélago, así que solía atacar de frente.
Luego me tocó a mí, colocando mis esqueletos para enviarlos a una muerte segura. Lo bueno de los míos era que tenían un valor en puntos muy bajo, lo que me permitía poner muchas más miniaturas que los otros jugadores… y me convertía en carnaza rápidamente debido a mi número total. Mientras, podía hostigar con trebuchets de huesos, y un terrible dragón óseo, bastante difícil de aniquilar.
Finalmente le tocó a George con sus grotescas figuras alternativas. Movió cuidadosamente para ceñirse a su habitual modo de juego: de cabeza con todo, para morir matando. No había mucha estrategia ahí, pero a George le daba igual, él solamente disfrutaba tirando dados y moviendo miniaturas… pero tan pronto como movió la última figura de ese primer turno, empezó a flaquear, y tuvo que sentarse rápidamente.
- ¿Qué te pasa George? ¿Te has mareado o algo?
- No lo sé… de repente me ha entrado un fuerte dolor de cabeza…
- ¿Quieres que llame a mis padres? Están en el salón…
- No te preocupes, no hace falta. – se incorpora rápidamente, para evitar cualquier situación que pudiera restarles horas de juego – Nada, me habré levantado demasiado deprisa. ¡Venga, sigamos! Creo que voy a dispararte, Ron. Estos elfitos tan escondiditos no me hacen mucha gracia…
- A ver qué puedes hacer…
George coge sus dados especiales y los lanza al interior del cuenco de las tiradas. El resultado dice que han impactado 5 de los 12 disparos de la unidad de Hostigadores Caóticos contra la unidad de Ron de Arqueros de los Árboles.
Entonces, se dispone a hacer la siguiente tirada para determinar cuántos de esos impactos han herido realmente a los bichos del caos. Coge de nuevo los dados y los vuelve a lanzar al cuenco, pero esta vez, cuando los dados impactan en el recipiente, saltan chispas, que rápidamente generan un par de rayos de energía que salen de los mismos dados. Todos cerramos los ojos ante tal flash, pero cuando volvimos a abrirlos, después de oír el sonido de los dados rodando en el cuenco, descubrimos horrorizados que ¡George había desaparecido!
- ¿Dónde está George? ¿Qué ha pasado? – gritó Ron asustado.
- ¿Qué ha sido eso? – dijo con miedo Fred.
Esos primeros segundos fueron desconcertantes y escalofriantes. No sabíamos que había pasado con nuestro amigo, pero entonces descubrimos la verdad con horror. Fred se quedó gritando mientras señalaba la mesa de las miniaturas, hecho que provocó que todos nos giráramos hacia allí para ver lo increíble: ¡nuestro amigo George ahora medía lo mismo que una de nuestras miniaturas de tamaño humano, y se encontraba en medio del campo de batalla!
- ¿Pero, qué? ¿Ese es George? ¡¿Qué está pasando aquí?! – grité.
- Parece que es él… pero parece que ha visto algo y está paralizado de miedo…
Desde nuestro punto de vista no lograríamos ver los horrores que estaba viendo nuestro amigo en ese instante en medio de esa partida de miniaturas… George se encontraba delante de una unidad de cinco criaturas equivalentes a los Bersérkeres Caóticos, pero éstas versiones alternativas tenían un aspecto grotesco, con cuerpos llenos de cicatrices, y blandiendo martillos pesados llenos de pinchos. Esto hizo que George estuviera petrificado de miedo en ese momento porqué, aparte del shock de haber llegado allí, pudo comprobar que todas esas miniaturas eran realmente monstruos reales, de carne, hueso y pinchos… Lentamente se estaban acercando hacia él, mientras tropieza y cae al suelo, intentando gatear hacia atrás, paralizado por el miedo.
Sus amigos seguían mirando como empezaba a gatear hacia atrás, pero desde su punto de vista las miniaturas seguían siendo pequeñas figuras pintadas, no se estaba moviendo nada.
George cierra momentáneamente los ojos para decirse “¡levántate y corre, no seas un pusilánime!”, y eso le da la fuerza momentánea suficiente para centrarse, levantarse rápidamente, y empezar a correr en dirección opuesta a esos monstruos, que seguían acercándose hacia él emitiendo unos horribles sonidos de carne, gruñidos y viscosidades…
- Se lo pregunté al señor del mercadillo, y solo me contestó “estas miniaturas estaban en un trastero que gané en una subasta”. Desconocía su origen ni nada acerca del propietario anterior, pero durante toda la semana he estado mirando una a una las minis, y cuadran con algunas medidas de las oficiales, así que, si no os importa, jugaré con los perfiles de juego oficiales, pero con éstas miniaturas únicas.
- ¡La verdad es que son muy chulas! Nunca había visto nada igual…
- Molan mucho, por eso no pude dejarlas pasar.
- Venga, vamos a ver entonces de que pasta están hechas. El último día la historia nos llevó a un punto en el que hoy nos tendremos que enfrentar todos contra todos para ver quien logra quedarse con el Castillo de Greyfax. Buena suerte, caballeros. ¡Cojan sus dados y dispónganse para su tirada inicial!
Y ahí empezó otra genial tarde de juego con Battleaxe… aunque, mientras seguía rugiendo esa tremenda tormenta, no podíamos imaginar lo que estaba por venir…
George colocó meticulosa y estratégicamente cada una de sus nuevas miniaturas en el campo de batalla, mientras seguía admirando sus formas y colores. La tirada inicial le otorgó a Ron el turno inicial, y así fue como empezó a mover sus distintas unidades de Magos Élficos. Ese ejército era muy bueno disparando flechas y realizando conjuros mágicos, así que los fue distribuyendo para ese fin.
Luego le tocó a Fred empezar a mover sus vampiros. Éstos eran buenos en combate cuerpo a cuerpo y ataques aéreos con sus bestias-murciélago, así que solía atacar de frente.
Luego me tocó a mí, colocando mis esqueletos para enviarlos a una muerte segura. Lo bueno de los míos era que tenían un valor en puntos muy bajo, lo que me permitía poner muchas más miniaturas que los otros jugadores… y me convertía en carnaza rápidamente debido a mi número total. Mientras, podía hostigar con trebuchets de huesos, y un terrible dragón óseo, bastante difícil de aniquilar.
Finalmente le tocó a George con sus grotescas figuras alternativas. Movió cuidadosamente para ceñirse a su habitual modo de juego: de cabeza con todo, para morir matando. No había mucha estrategia ahí, pero a George le daba igual, él solamente disfrutaba tirando dados y moviendo miniaturas… pero tan pronto como movió la última figura de ese primer turno, empezó a flaquear, y tuvo que sentarse rápidamente.
- ¿Qué te pasa George? ¿Te has mareado o algo?
- No lo sé… de repente me ha entrado un fuerte dolor de cabeza…
- ¿Quieres que llame a mis padres? Están en el salón…
- No te preocupes, no hace falta. – se incorpora rápidamente, para evitar cualquier situación que pudiera restarles horas de juego – Nada, me habré levantado demasiado deprisa. ¡Venga, sigamos! Creo que voy a dispararte, Ron. Estos elfitos tan escondiditos no me hacen mucha gracia…
- A ver qué puedes hacer…
George coge sus dados especiales y los lanza al interior del cuenco de las tiradas. El resultado dice que han impactado 5 de los 12 disparos de la unidad de Hostigadores Caóticos contra la unidad de Ron de Arqueros de los Árboles.
Entonces, se dispone a hacer la siguiente tirada para determinar cuántos de esos impactos han herido realmente a los bichos del caos. Coge de nuevo los dados y los vuelve a lanzar al cuenco, pero esta vez, cuando los dados impactan en el recipiente, saltan chispas, que rápidamente generan un par de rayos de energía que salen de los mismos dados. Todos cerramos los ojos ante tal flash, pero cuando volvimos a abrirlos, después de oír el sonido de los dados rodando en el cuenco, descubrimos horrorizados que ¡George había desaparecido!
- ¿Dónde está George? ¿Qué ha pasado? – gritó Ron asustado.
- ¿Qué ha sido eso? – dijo con miedo Fred.
Esos primeros segundos fueron desconcertantes y escalofriantes. No sabíamos que había pasado con nuestro amigo, pero entonces descubrimos la verdad con horror. Fred se quedó gritando mientras señalaba la mesa de las miniaturas, hecho que provocó que todos nos giráramos hacia allí para ver lo increíble: ¡nuestro amigo George ahora medía lo mismo que una de nuestras miniaturas de tamaño humano, y se encontraba en medio del campo de batalla!
- ¿Pero, qué? ¿Ese es George? ¡¿Qué está pasando aquí?! – grité.
- Parece que es él… pero parece que ha visto algo y está paralizado de miedo…
Desde nuestro punto de vista no lograríamos ver los horrores que estaba viendo nuestro amigo en ese instante en medio de esa partida de miniaturas… George se encontraba delante de una unidad de cinco criaturas equivalentes a los Bersérkeres Caóticos, pero éstas versiones alternativas tenían un aspecto grotesco, con cuerpos llenos de cicatrices, y blandiendo martillos pesados llenos de pinchos. Esto hizo que George estuviera petrificado de miedo en ese momento porqué, aparte del shock de haber llegado allí, pudo comprobar que todas esas miniaturas eran realmente monstruos reales, de carne, hueso y pinchos… Lentamente se estaban acercando hacia él, mientras tropieza y cae al suelo, intentando gatear hacia atrás, paralizado por el miedo.
Sus amigos seguían mirando como empezaba a gatear hacia atrás, pero desde su punto de vista las miniaturas seguían siendo pequeñas figuras pintadas, no se estaba moviendo nada.
George cierra momentáneamente los ojos para decirse “¡levántate y corre, no seas un pusilánime!”, y eso le da la fuerza momentánea suficiente para centrarse, levantarse rápidamente, y empezar a correr en dirección opuesta a esos monstruos, que seguían acercándose hacia él emitiendo unos horribles sonidos de carne, gruñidos y viscosidades…
Gira la cabeza para huir en dirección contraria, pero en ese momento se golpea contra una gran figura de plástico de un Murciélago Vampiro Gigante, pintada “de aquella manera”, y de la que podían verse muchísimas imperfecciones a ese nivel de escala. Se trataba de uno de los Barones Vampíricos de Fred, pero, por suerte, era simplemente eso: una miniatura que ahora parecía una gran estatua.
En ese instante, mira alrededor para descubrir que el resto de miniaturas eran solamente objetos inertes… solamente las grotescas figuras caóticas eran las que seguían avanzando hacia él, recortando distancia cada vez más.
De repente, un veloz latigazo parte en dos la miniatura del Murciélago Gigante, de la que empiezan a caer pequeños trozos, que a la escala de George son grandes rocas que debe esquivar ágilmente. Tras rodar por el suelo, logra ver a un monstruo deforme cuyos brazos eran tentáculos y que usaba a modo de látigos para poder atacar a distancia. Ese latigazo estuvo cerca de tocarle, y eso le dio más ahínco para correr velozmente.
En el exterior de la partida, sus amigos seguían discutiendo mientras le veían moverse a través del tablero, como huyendo de algo. Finalmente, es Fred el que coge los dados de madera que había tirado George. Tras sopesarlos y estudiarlos, los deja de nuevo en el cuenco arrojándolos, pero en ese momento Ron le coge por el brazo para gritarle “¡No! ¡No los tires!” … pero demasiado tarde, porque en el momento en que los dados impactan en el cuenco, emite otro haz de luz que hace desaparecer a ambos de la habitación.
Yo me quedé estupefacta, quieta, y muerta de miedo… no sabía qué hacer. Todavía menos cuando comprobé terroríficamente como Fred y Ron se habían materializado en la partida también. Era increíble y horrible presenciar eso. No sabía a quién avisar, ni qué se podría hacer, aunque notaba que debía permanecer allí.
Empecé a ver como mis dos amigos empezaban a comportarse del mismo modo que George, un hecho que me dio que pensar en que realmente allí estaban viendo cosas que desde aquí no podíamos. Sabía también que la manera de entrar sería tirando esos dados… la decisión era mía, y cada segundo que sonaba en el reloj de la pared del fondo, pesaba como una losa encima de mí…
Entonces se me ocurrieron dos cosas: primero pensé que, si parecía que estaban huyendo de algo de la mesa, tenía que ser algo relacionado con las miniaturas, así que decidí calmar el temblor de mis manos, y lentamente empezar a retirar una a una cada miniatura de la mesa, para dejarlas apartadas en unas mesas auxiliares que teníamos en los laterales.
Ron y Fred corrían como si no hubiera un mañana a través del césped del suelo, sorteando árboles, arbustos y algunos elementos de escenografía, como muros derruidos. Se detienen en seco cuando ven como una descomunal mano coge la figura de un monstruo del ejército de los Esqueletos Vivientes, y se lo lleva a través del cielo hasta que desaparece.
En ese instante, descubren que los monstruos deformes que les acechaban, habían desaparecido, al igual que también lo descubrió George en el otro extremo de la mesa. Por lo menos, pudieron respirar de nuevo.
Entonces se me ocurrió la segunda cosa: si la manera en que ellos habían entrado en el juego fue tirando esos dados… y parecía que no tenían manera de salir… a lo mejor dejando esos dados a su lado, podía haber alguna manera de que salieran… No perdía nada en intentarlo, ahora que parecía que las tres versiones en miniatura de sus amigos se habían calmado.
Dejé 3 dados al lado de George, y 3 al lado de Fred y Ron. Observé como poco a poco se fueron acercando a ellos, hasta que Ron es el primero en poner su mano plana sobre uno de ellos, hecho que activa un fogonazo de luz, y en ese instante fue cuando vi como aparecía de nuevo mi amigo en la habitación.
Rápidamente nos abrazamos, celebrando que habíamos encontrado la manera de escapar. Después fue George el que se atrevió a tocarlo, y de igual manera volvió a materializarse en la habitación. Ya solo quedaba Fred, que tenía un poco de miedo tras ver cómo había desaparecido Ron de su lado minutos antes.
Nosotros le gritábamos desde la mesa, pero no podía oírnos. Parece que estar ahí era como entrar en otro mundo… Finalmente, al ver que no se decidía, recogí los dados y, con determinación, los tiré para entrar ahí. Cuando “aterricé” en el juego, le pude explicar la forma de escapar a Fred. En ese instante, George puso los dados a nuestro lado, y esperé a que finalmente los tocara y lograra escapar. Entonces, cuando me dispuse a tocarlo yo para salir definitivamente de esa pesadilla, escuché una voz femenina:
- ¿Dónde te crees que vas?
En ese instante, mira alrededor para descubrir que el resto de miniaturas eran solamente objetos inertes… solamente las grotescas figuras caóticas eran las que seguían avanzando hacia él, recortando distancia cada vez más.
De repente, un veloz latigazo parte en dos la miniatura del Murciélago Gigante, de la que empiezan a caer pequeños trozos, que a la escala de George son grandes rocas que debe esquivar ágilmente. Tras rodar por el suelo, logra ver a un monstruo deforme cuyos brazos eran tentáculos y que usaba a modo de látigos para poder atacar a distancia. Ese latigazo estuvo cerca de tocarle, y eso le dio más ahínco para correr velozmente.
En el exterior de la partida, sus amigos seguían discutiendo mientras le veían moverse a través del tablero, como huyendo de algo. Finalmente, es Fred el que coge los dados de madera que había tirado George. Tras sopesarlos y estudiarlos, los deja de nuevo en el cuenco arrojándolos, pero en ese momento Ron le coge por el brazo para gritarle “¡No! ¡No los tires!” … pero demasiado tarde, porque en el momento en que los dados impactan en el cuenco, emite otro haz de luz que hace desaparecer a ambos de la habitación.
Yo me quedé estupefacta, quieta, y muerta de miedo… no sabía qué hacer. Todavía menos cuando comprobé terroríficamente como Fred y Ron se habían materializado en la partida también. Era increíble y horrible presenciar eso. No sabía a quién avisar, ni qué se podría hacer, aunque notaba que debía permanecer allí.
Empecé a ver como mis dos amigos empezaban a comportarse del mismo modo que George, un hecho que me dio que pensar en que realmente allí estaban viendo cosas que desde aquí no podíamos. Sabía también que la manera de entrar sería tirando esos dados… la decisión era mía, y cada segundo que sonaba en el reloj de la pared del fondo, pesaba como una losa encima de mí…
Entonces se me ocurrieron dos cosas: primero pensé que, si parecía que estaban huyendo de algo de la mesa, tenía que ser algo relacionado con las miniaturas, así que decidí calmar el temblor de mis manos, y lentamente empezar a retirar una a una cada miniatura de la mesa, para dejarlas apartadas en unas mesas auxiliares que teníamos en los laterales.
Ron y Fred corrían como si no hubiera un mañana a través del césped del suelo, sorteando árboles, arbustos y algunos elementos de escenografía, como muros derruidos. Se detienen en seco cuando ven como una descomunal mano coge la figura de un monstruo del ejército de los Esqueletos Vivientes, y se lo lleva a través del cielo hasta que desaparece.
En ese instante, descubren que los monstruos deformes que les acechaban, habían desaparecido, al igual que también lo descubrió George en el otro extremo de la mesa. Por lo menos, pudieron respirar de nuevo.
Entonces se me ocurrió la segunda cosa: si la manera en que ellos habían entrado en el juego fue tirando esos dados… y parecía que no tenían manera de salir… a lo mejor dejando esos dados a su lado, podía haber alguna manera de que salieran… No perdía nada en intentarlo, ahora que parecía que las tres versiones en miniatura de sus amigos se habían calmado.
Dejé 3 dados al lado de George, y 3 al lado de Fred y Ron. Observé como poco a poco se fueron acercando a ellos, hasta que Ron es el primero en poner su mano plana sobre uno de ellos, hecho que activa un fogonazo de luz, y en ese instante fue cuando vi como aparecía de nuevo mi amigo en la habitación.
Rápidamente nos abrazamos, celebrando que habíamos encontrado la manera de escapar. Después fue George el que se atrevió a tocarlo, y de igual manera volvió a materializarse en la habitación. Ya solo quedaba Fred, que tenía un poco de miedo tras ver cómo había desaparecido Ron de su lado minutos antes.
Nosotros le gritábamos desde la mesa, pero no podía oírnos. Parece que estar ahí era como entrar en otro mundo… Finalmente, al ver que no se decidía, recogí los dados y, con determinación, los tiré para entrar ahí. Cuando “aterricé” en el juego, le pude explicar la forma de escapar a Fred. En ese instante, George puso los dados a nuestro lado, y esperé a que finalmente los tocara y lograra escapar. Entonces, cuando me dispuse a tocarlo yo para salir definitivamente de esa pesadilla, escuché una voz femenina:
- ¿Dónde te crees que vas?
Me quedé de piedra. No sabía quién era ni desde donde me estaba hablando… parecía que la oía en mi cabeza… cuando me giro de repente y me encuentro con una singular criatura delante de mí. Su cuerpo, deformado y con rasgos animales, contaba con la cabeza de una anciana mujer. Su rostro, ajado como si tuviera miles de años, me miraba con unos ojos cuyas cuencas estaban vacías, pero aun así noté su penetrante mirada en mi interior.
Yo seguía sin saber qué hacer ni cómo responder, mientras esa terrible criatura seguía mirando impasible… Entonces levantó su mano y la puso sobre mi hombro. En ese instante, vi una serie de imágenes que pasaron delante de mí. Primero parecían sombras, formas, colores… pero a medida que fueron enfocándose empecé a descubrir que se trataba de momentos que habían pasado en algún momento del pasado, hacía mucho tiempo…
No entendía nada de lo que estaba viendo, imágenes inconexas en las que veía una gran criatura que me recordaba a la esfinge de la mitología griega.
Luego, todo se volvió de color blanco y cerré mis ojos.
…
Cuando desperté, tardé un poco en volver a acostumbrar mis ojos, y empecé a mirar a mi alrededor. Me encontraba en medio de la nada, la ausencia de luz absoluta alrededor. Solamente había un haz de luz encima mío que me iluminaba a mí y me permitía ver hasta un par de metros.
Un sentimiento de horror puro recorrió mi espina dorsal… no sabía qué hacer…
Entonces todo se volvió todavía más escalofriante cuando, desde la oscuridad, se acerca esa misteriosa figura hacia mí de nuevo. Sus lentos y aplomados pasos eran inquietantes, y finalmente se plantó delante mío.
Mi cuerpo temblaba y no tenía escapatoria alguna. Entonces, empezó a hablar:
- Bienvenida, amiga mía… sé que ahora mismo tendrás un millar de preguntas en tu cabeza… pero déjame que te explique brevemente primero.
Me quedé sorprendida de lo educada que fue esa criatura.
- Te lo voy a decir de manera resumida: mi nombre es Esfinge, y quizá recuerdes una historia mía anterior acerca de un tal Edipo y un acertijo…
- ¿Cómo? – Recordé ese mito griego de la asignatura de mitología en el instituto. – ¿La esfinge del mito griego? ¿Pero si eso era una gran bestia con cuerpo de león, cola de serpiente y cabeza de mujer…
- Un respeto… “Eso” no… En esa época tenía el objetivo inicial por el cual me crearon: guardar la ciudad de Tebas y proteger a los reyes Layo, primero, y Creonte después… pero cuando por fin ese maldito Edipo logró responder correctamente, mi misión había terminado. Mi señor Baddock decidió darme un nuevo propósito, me mejoró con un nuevo artefacto que había creado, y me encomendó la misión de cazar algunas bestias y criaturas oscuras concretas que estaban representando un peligro.
Yo no sabía qué hacer, y estaba totalmente absorta con la historia que me estaba contando:
Yo seguía sin saber qué hacer ni cómo responder, mientras esa terrible criatura seguía mirando impasible… Entonces levantó su mano y la puso sobre mi hombro. En ese instante, vi una serie de imágenes que pasaron delante de mí. Primero parecían sombras, formas, colores… pero a medida que fueron enfocándose empecé a descubrir que se trataba de momentos que habían pasado en algún momento del pasado, hacía mucho tiempo…
No entendía nada de lo que estaba viendo, imágenes inconexas en las que veía una gran criatura que me recordaba a la esfinge de la mitología griega.
Luego, todo se volvió de color blanco y cerré mis ojos.
…
Cuando desperté, tardé un poco en volver a acostumbrar mis ojos, y empecé a mirar a mi alrededor. Me encontraba en medio de la nada, la ausencia de luz absoluta alrededor. Solamente había un haz de luz encima mío que me iluminaba a mí y me permitía ver hasta un par de metros.
Un sentimiento de horror puro recorrió mi espina dorsal… no sabía qué hacer…
Entonces todo se volvió todavía más escalofriante cuando, desde la oscuridad, se acerca esa misteriosa figura hacia mí de nuevo. Sus lentos y aplomados pasos eran inquietantes, y finalmente se plantó delante mío.
Mi cuerpo temblaba y no tenía escapatoria alguna. Entonces, empezó a hablar:
- Bienvenida, amiga mía… sé que ahora mismo tendrás un millar de preguntas en tu cabeza… pero déjame que te explique brevemente primero.
Me quedé sorprendida de lo educada que fue esa criatura.
- Te lo voy a decir de manera resumida: mi nombre es Esfinge, y quizá recuerdes una historia mía anterior acerca de un tal Edipo y un acertijo…
- ¿Cómo? – Recordé ese mito griego de la asignatura de mitología en el instituto. – ¿La esfinge del mito griego? ¿Pero si eso era una gran bestia con cuerpo de león, cola de serpiente y cabeza de mujer…
- Un respeto… “Eso” no… En esa época tenía el objetivo inicial por el cual me crearon: guardar la ciudad de Tebas y proteger a los reyes Layo, primero, y Creonte después… pero cuando por fin ese maldito Edipo logró responder correctamente, mi misión había terminado. Mi señor Baddock decidió darme un nuevo propósito, me mejoró con un nuevo artefacto que había creado, y me encomendó la misión de cazar algunas bestias y criaturas oscuras concretas que estaban representando un peligro.
Yo no sabía qué hacer, y estaba totalmente absorta con la historia que me estaba contando:
- Entonces, me encargué de recorrer ambos mundos, capturando a todas las criaturas que tenía en mi lista, para luego encerrarlas en pequeñas estatuas que podían ser fácilmente almacenadas. Mi método resultó muy efectivo, y llegó el día en que logré terminar con mi lista… pero había un problema… habían pasado tantos años, que el trono del SubMundo había sido renovado un par de veces, y desde la época de Baddock que yo no había tenido contacto… así que descubrí el actual soberano, un ser que no me gustó desde el primer día que lo vi… un ser muy oscuro y terrible que tenía un estilo muy cruel de gobernar, y que realizó (y sigue realizando) atrocidades por doquier. Se le conoce con el nombre de Satán…
Al oír ese nombre me quedé todavía más helada… ¿era posible lo que me estaba contando? ¿Realmente eran verdad todas esas historias de demonios y demás?
- El resultado fue que decidí no formar parte de las fuerzas del nuevo soberano, y me quedé en la sombra y a cargo de un pequeño ejército de criaturas oscuras, encerradas en pequeñas estatuas. Ahí me di cuenta de que debía sobrevivir por mi cuenta, y esas bestias respondían solamente ante mi… así que debía pagarles de alguna manera… y esa manera es alimentándoles…
Otro punzante escalofrío recorrió mi espalda.
- Durante vuestra Edad Media, con la ayuda de un alquimista, encontré la manera de fabricar unos dados con los que podría activar un maleficio, con el que poder adquirir almas para alimentar a mis bestias. A lo largo de los años, me había fijado en que los humanos empezaban a jugar a juegos como el mehen, el senet, la chaturanga, el shoji, y finalmente el ajedrez. Vi la manera perfecta de cosechar almas: atrapando a incautos que pretendan jugar con estas figuras en miniatura, y convirtiéndose así en su alimento.
- ¡¿Qué?! ¿Qué es lo que has dicho? ¡¿Me van a comer?!
- En efecto, amiga mía… es inevitable…
- Pero… ¡¿pero entonces por qué me explicas esta historia?! ¿por qué si vas a matarme?
- Porque el azar del destino ha querido que concretamente tú tengas una oportunidad distinta al resto… Durante muchos años he realizado esta tarea que te acabo de explicar, pero ha pasado tanto tiempo que lentamente mis poderes han ido menguando… y como no tengo el favor del rey del SubMundo, no puedo regenerarme… Entonces, me veo en la obligación de proponerte un trato.
Cada gota de sudor frío que atravesaba mi frente era como un afilado cuchillo. Mis nervios estaban a flor de piel.
- Te propongo que me dejes usar tu cuerpo, para poder habitar por un tiempo vuestro mundo. Necesito hacer un par de cosas, y en mi actual estado de declive no puedo… Si decides que no, entonces ya no tendrás que preocuparte por nada más, porque dejaré entrar a mis bestias aquí.
Menuda elección… o fuego o brasas… lo único que sabía era que no estaba lista para morir todavía, y me mostré interesada en la primera opción.
- Bien, Helena… Me complace mucho tu respuesta, y quiero agradecértelo. No te preocupes, te voy a usar solo durante un tiempo… el que necesite para poder encontrar un sitio mejor para seguir sobreviviendo con mis bestias… luego, cuando lo haya conseguido, te devolveré tu cuerpo, y no me verás más…
La vida a veces tiene unos recovecos imposibles de predecir… a veces, un trato in extremis significa una nueva oportunidad para uno mismo o para todos… quizá había sido egoísta, pero era eso o morir… y si sobrevivía, llegaría un día en que podría ir a explicárselo a mis amigos, de los que no supe nada más desde esa fatídica partida de Battleaxe…
Ese fue el último día que recuerdo en el mundo terrenal, pero por lo menos, logré sobrevivir. Desde entonces, sigo en esta sala oscura atemporal, esperando el momento en que la Esfinge me deje libre de nuevo… porque… va a cumplir su palabra y va a liberarme cuando termine, ¿verdad?
Al oír ese nombre me quedé todavía más helada… ¿era posible lo que me estaba contando? ¿Realmente eran verdad todas esas historias de demonios y demás?
- El resultado fue que decidí no formar parte de las fuerzas del nuevo soberano, y me quedé en la sombra y a cargo de un pequeño ejército de criaturas oscuras, encerradas en pequeñas estatuas. Ahí me di cuenta de que debía sobrevivir por mi cuenta, y esas bestias respondían solamente ante mi… así que debía pagarles de alguna manera… y esa manera es alimentándoles…
Otro punzante escalofrío recorrió mi espalda.
- Durante vuestra Edad Media, con la ayuda de un alquimista, encontré la manera de fabricar unos dados con los que podría activar un maleficio, con el que poder adquirir almas para alimentar a mis bestias. A lo largo de los años, me había fijado en que los humanos empezaban a jugar a juegos como el mehen, el senet, la chaturanga, el shoji, y finalmente el ajedrez. Vi la manera perfecta de cosechar almas: atrapando a incautos que pretendan jugar con estas figuras en miniatura, y convirtiéndose así en su alimento.
- ¡¿Qué?! ¿Qué es lo que has dicho? ¡¿Me van a comer?!
- En efecto, amiga mía… es inevitable…
- Pero… ¡¿pero entonces por qué me explicas esta historia?! ¿por qué si vas a matarme?
- Porque el azar del destino ha querido que concretamente tú tengas una oportunidad distinta al resto… Durante muchos años he realizado esta tarea que te acabo de explicar, pero ha pasado tanto tiempo que lentamente mis poderes han ido menguando… y como no tengo el favor del rey del SubMundo, no puedo regenerarme… Entonces, me veo en la obligación de proponerte un trato.
Cada gota de sudor frío que atravesaba mi frente era como un afilado cuchillo. Mis nervios estaban a flor de piel.
- Te propongo que me dejes usar tu cuerpo, para poder habitar por un tiempo vuestro mundo. Necesito hacer un par de cosas, y en mi actual estado de declive no puedo… Si decides que no, entonces ya no tendrás que preocuparte por nada más, porque dejaré entrar a mis bestias aquí.
Menuda elección… o fuego o brasas… lo único que sabía era que no estaba lista para morir todavía, y me mostré interesada en la primera opción.
- Bien, Helena… Me complace mucho tu respuesta, y quiero agradecértelo. No te preocupes, te voy a usar solo durante un tiempo… el que necesite para poder encontrar un sitio mejor para seguir sobreviviendo con mis bestias… luego, cuando lo haya conseguido, te devolveré tu cuerpo, y no me verás más…
La vida a veces tiene unos recovecos imposibles de predecir… a veces, un trato in extremis significa una nueva oportunidad para uno mismo o para todos… quizá había sido egoísta, pero era eso o morir… y si sobrevivía, llegaría un día en que podría ir a explicárselo a mis amigos, de los que no supe nada más desde esa fatídica partida de Battleaxe…
Ese fue el último día que recuerdo en el mundo terrenal, pero por lo menos, logré sobrevivir. Desde entonces, sigo en esta sala oscura atemporal, esperando el momento en que la Esfinge me deje libre de nuevo… porque… va a cumplir su palabra y va a liberarme cuando termine, ¿verdad?
© 2025 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 107, "Battleaxe Legends".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2509163090838
Fecha de registro: Septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
Disturbing Stories, número 107, "Battleaxe Legends".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2509163090838
Fecha de registro: Septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.









