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Michel trabajaba desde hacía años en una pequeña librería llamada “La Pitufa”, un local con olor a papel envejecido, polvo dulce y café recalentado. El sitio no destacaba por su modernidad ni por un catálogo extenso, pero los habitantes del pueblo lo querían: era un punto de encuentro, de calma, de rutina. Y Michel era parte del mobiliario, como las estanterías que había colocado con sus propias manos de la nueva zona de cómics, manga y novelas de ciencia ficción.
 
Aquella mañana, la niebla seguía dormitando, abrazada a las calles del pueblo, y apenas se distinguían las farolas desde la entrada del local. Michel llegó como siempre, saludó a los libros en silencio y se dispuso a abrir. La campanilla de la puerta emitió su habitual tintineo cuando empujó, pero algo le extrañó.
 
Había una caja misteriosa.
​
Un paquete, cuadrado y perfectamente sellado, que reposaba junto al mostrador. No lo había visto el día anterior, y no recordaba haberlo pedido. No tenía etiquetas, ni remitente, ni ningún logotipo reconocible. Solo una palabra escrita en letras negras, a mano: “LIBRO”.
 
Lo observó durante un instante, con una mezcla de curiosidad y prudencia. Finalmente, lo abrió.
Dentro había 25 libros, todos idénticos. De cubierta negra mate, sin ilustraciones, sin autor. Solo un título en blanco, difuso, y con una tipografía muy sobria: “LECTURA”.
 
Michel cogió uno. Su tacto era extraño: demasiado frío para haber estado en una caja cerrada. Hojeó las primeras páginas. El interior tenía una tipografía irregular, como si hubiera sido impresa con una máquina que no funcionaba del todo bien. Pero algo le empujó a seguir leyendo. Solo una página más… y otra… y otra…
 
Sin darse cuenta, se sentó. La librería quedó en silencio, con las luces encendidas pero inmóviles, mientras Michel leía sin pestañear. El café se enfrió y la música de fondo terminó su lista de reproducción y no volvió a sonar. Ni siquiera oyó a ninguno de los vecinos que se acercaron a la puerta y llamaron porque les extrañó que estuviera cerrado a esas horas…
​
Michel no supo cuánto tiempo había pasado. Cerró el libro con un movimiento lento, casi reverencial. Y entonces, como si una nueva capa de la realidad se hubiera desplegado ante él, lo comprendió: tenía que repartirlos.
 
No sabía por qué, solo sabía que debía hacerlo. Que era importante… era... inevitable…
 
En ese momento, llegó su jefa, preocupada porque le habían dicho que estaba cerrado. Ella solía estar por la tarde, por eso puso a Michel por las mañanas. Él se incorporó rápidamente ante su presencia, y solamente pudo acercársele con el libro en la mano para dárselo, mientras la miraba fijamente. La señora se asustó un poco al principio, pero había algo en sus ojos que la tenían como hipnotizada… solamente pudo extender su mano, coger el libro, abrirlo y empezar con la lectura.

Pasaron las horas, mientras la tienda seguía cerrada, y la jefa terminó de leer el libro justo a tiempo de que llegara la otra compañera del turno de tardes. Rápidamente se repitió el proceso, pero esta vez fue la señora la que le extendió el libro a la muchacha.
 
Cuando terminó de leer, todos compartían el mismo brillo extraño en la mirada… una especie de atención ausente… como una calma antinatural, y con la imperiosa necesidad de que otros también lo lean…
La primera fase había comenzado…
 
Durante los días siguientes, los libros empezaron a circular por el pueblo. Michel, su jefa y su compañera los ofrecían gratuitamente. Algunas personas los rechazaban al principio, pero volvían más tarde, atraídas por algo que no sabían explicar. En menos de una semana, los 25 ejemplares estaban en circulación. Era como si el libro supiera cómo multiplicarse.
 
Los lectores comenzaban a comportarse de forma similar: más callados, más atentos, más sincronizados…
 
Quienes no lo habían leído empezaron a notar algo raro. Un silencio espeso que parecía envolver las calles, una calma incómoda, como si todos compartieran un secreto. Los rostros eran neutros, y las conversaciones, breves. Básicamente, solamente articulaban:
 
- ¿Has leído el libro? 

La pregunta parecía casual, pero contenía una presión sutil. Como una cuerda tensa. Como una orden disfrazada de interés.
 
Cuando ya no quedaba ningún ejemplar por repartir, Michel volvió a abrir la caja vacía. Algo brillaba en el fondo: un pequeño papel con un código QR impreso en tinta roja. Sin pensarlo dos veces, lo escaneó con el móvil.
 
Automáticamente, lo redirigió a una página web de apariencia minimalista con solo un botón:

"Solicitar más ejemplares"
 
Michel pulsó, y el envío llegó en menos de 12 horas. Nadie supo cómo ni quién lo trajo, pero, simplemente, apareció de nuevo al pie del mostrador. Esta vez la gran caja contenía 200 libros.
 
La red de lectores creció de forma exponencial. El 40%, el 60, el 85%, hasta que finalmente, el 95% del pueblo había leído “LECTURA”… y entonces, una noche cerrada, sucedió.
 
A las 03:17 de la madrugada, todos los habitantes que habían leído el libro se detuvieron, sin importar dónde estuvieran: en cama, en la calle, en el baño. Se quedaron quietos, en silencio absoluto, con los ojos abiertos pero vacíos, la boca ligeramente entreabierta, como si esperaran algo…y entonces, hablaron al unísono.
 
Una voz coral, sin emoción, grave, perfecta, resonó en todas las esquinas del pueblo, como si cada garganta fuera un altavoz del mismo mensaje.
 
- Recuento total finalizado. Total de activos: 914. Final de la Fase 2. Iniciando Fase 3: Activación de sujetos. 
​
Los que no habían leído el libro se escondieron. Temblaban. Algunos grabaron el momento con sus móviles, sin saber si estaban ante un virus, una conspiración alienígena, una secta o un delirio colectivo.
 
Pero nada pudo prepararlos para lo que vino después.
 
A la orden de una voluntad desconocida, los 914 habitantes controlados adoptaron la misma postura, casi militar, con los brazos caídos, las piernas separadas, y la cabeza recta.
 
Y luego, sin una palabra más, empezaron a correr.
 
No era una huida, ni tampoco era pánico. Era organización pura, una coordinación perfecta. Como si cada uno supiera exactamente su lugar. Como si hubieran ensayado mil veces. 
Con mochilas a la espalda, comenzaron a salir del pueblo en formación, por la carretera norte, a una velocidad aterradora. Quienes estaban en sus coches circulando por ahí en ese momento vieron venir la masa humana como una ola oscura, y se quedaron petrificados. Nadie se atrevió a moverse. Solo observaron cómo pasaban cientos de vecinos con miradas vacías y pisadas firmes.
 
En apenas 15 minutos, llegaron al pueblo vecino… y empezaron a repartir libros.
 
Cada uno llevaba varios ejemplares. Nadie hablaba. Nadie explicaba. Solo los entregaban, uno por uno, con una sonrisa neutra. Una tras otra, las personas del pueblo vecino los aceptaban, casi hipnotizadas, y comenzaban a leer, como si no pudieran evitarlo… como si ya estuvieran esperando el libro desde hacía tiempo.
 
El plan se expandía; perfecto, rápido, e inevitable.
 
¿Quién había creado aquel libro? ¿Cómo era posible que solo mediante palabras pudiera controlarse una mente? ¿Qué entidad o inteligencia estaba detrás del código QR, y del mensaje coral? ¿Y cuál era el propósito final?
 
Cuando nadie parecía tener respuestas, una voz surgió de la nada. Una voz grave, distorsionada, omnipresente. Como un trueno que no venía del cielo, sino de todas partes.

- Este… este es el poder de la lectura. Deja que te atrape… y pronto, tú también difundirás su poder. Encuentra todos los libros que buscas… y los que aún no conoces… en Librería La Pitufa. ¡Déjate atrapar por la lectura… tú también! 

Michel presionó la barra de pausa en el teclado de su ordenador portátil. El vídeo quedó congelado en una imagen de cientos de personas corriendo por la carretera.

- Hmm… no sé —dijo, frotándose la barbilla medio canosa—. Lo veo un poco pretencioso…  

- ¡Va, hombre! —respondió su compañero entre risas desde el otro lado del escritorio—. ¡Ya habíamos quedado que este tráiler-spot era una apuesta arriesgada! ¡Pero ha quedado genial!  

- Sí, en eso tienes razón. El rodaje fue brutal. ¿Has visto cómo quedó la escena coral? Da hasta miedo…

- Jajaja, ¡y eso que tuvimos que repetirla diez veces hasta que todos consiguieron hablar al unísono! ¡Qué locura!  

- ¡Ya ves! Aún me río.  

- Venga, no te rayes. Recuerda que la idea era hacer una frikada enorme para promocionar la librería, y lo hemos conseguido. Esto podemos mandarlo a festivales, incluso.  

- Ya… aunque creo que he cambiado de opinión…  

- ¿Qué?  

- Creo que no ha quedado bien…  

- ¡¿Cómo que no ha quedado bien?! 
​
Michel giró lentamente la pantalla hacia él y sonrió.

- No… Ha quedado ¡¡INCREÍBLE!! - Ambos rompieron en carcajadas.

- ¡Eres un mandril! jajaja  

- Venga, terminemos el etalonaje. ¡Esto va a volar! 
​
Días después, estrenaron el vídeo, y enseguida tuvo un montón de reacciones positivas. Se volvió viral en menos de una semana, y llegó a ser uno de los 10 más vistos del mes en WeTuberr. Comentado, parodiado, aplaudido… no dejaba a nadie indiferente…
 
Lo que Michel y su compañero no sabían cuando realizaron esa exigente pieza audiovisual, era que, en otra parte del país, un brillante joven estudiante de psicología y neurociencia, Jaime Guzmán, vio aquel tráiler y quedó fascinado. Le intrigó tanto la idea que se obsesionó… y comenzó a investigar la manera en que ciertas estructuras lingüísticas podían generar activación cerebral automática.
 
Aquel estudiante crecería, publicaría estudios, haría descubrimientos, y, en su momento… volvería… pero esa, claro, es otra historia...
 
A veces, las ideas más tenebrosas pueden venir de conceptos escondidos detrás de fachadas de aparente normalidad.
 
Recuerda siempre que un libro es la puerta hacia algo mucho, mucho más grande…
La portada final se pudo realizar gracias a la colaboración del amigo Michel Rosell ¡Gracias!
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© 2025 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 097, "El Libro Misterioso".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2509163090753
​Fecha de registro: septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
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" No importa dónde, cómo, o cuando… ¡pero lee! "

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A partir de 13 años 
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Published Stories:

091225


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