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Todo era negro al principio.

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Un negro tan denso que parecía absorber hasta la memoria. El silencio no era ausencia de sonido, sino la certeza de que jamás lo habría… y, sin embargo, algo lo quebró: el eco metálico de un único paso. Uno solo. La vibración de una bota reforzada sobre un suelo que no reflejaba luz se expandió como una onda invisible por la inmensidad de la sala.
 
El Viajero había llegado.
 
No tenía nombre, ni rostro, ni género definido en la penumbra. La luz que se filtraba desde ningún lugar rozaba un contorno humano, pero no revelaba nada más. En su interior, la pregunta que había cruzado siglos y ruinas: ¿qué significa estar vivo?
 
La sala era vasta, un cilindro metálico sin principio ni fin, con paredes tan negras que parecían devorar la mirada. El aire estaba frío, inmóvil, y sin embargo cargado de algo eléctrico, como si cada molécula estuviera atenta a su presencia. Miles de objetos flotaban en un silencio inquietante: una máquina de escribir antigua con teclas manchadas de óxido; una consola portátil agrietada que mostraba en su pantalla rota la silueta de un animal imposible; unas partituras rodeadas de algunos instrumentos musicales; una máscara partida de mitad del siglo XXI; un dado detenido en pleno salto, incapaz de caer…
Cada objeto parecía mirarlo, evaluarlo.
 
Entonces, en un parpadeo y con un leve cambio en el aire, en el centro de la bóveda, suspendido en un halo de energía gris, apareció un cráneo metálico de proporciones colosales, con un semblante totalmente artificial, pero con la presencia de algo que pensaba desde mucho antes de que el Viajero existiera.
 
La vibración se volvió un murmullo grave.
—Has llegado. —La voz era fría, sin emociones—. Han pasado cuarenta y nueve ciclos. Observa y responde.
 
El Viajero dejó que la mirada recorriera los objetos. Reconoció un libro abierto en el que las letras se movían, como si un alma atrapada intentara salir… una máscara recuerdo de las condenas con tatuajes-láser de las Nuevas Políticas… un escarabajo dorado que parecía latir...  la figura de un perro con una horrible cicatriz, inmóvil y atento… una antigua tablilla tallada con el título “Equilibrivm”… una pequeña estatua de arena cinética con la forma de un mecano-juez del siglo XXI…
 
Entonces, el Viajero empieza a ver imágenes suspendidas en el aire, recuerdos de momentos pasados... Un orbe empieza a flotar y mientras gira sobre sí mismo se descubre que es el terrible dispositivo Obitus, y a cada lado tiene manos de distintas especies que intentan atraparlo… Entonces aparecen nuevas imágenes, ahora con un viejo detective que está revisando miles de documentos con un sello en común: el logotipo de la empresa Aura… Luego todo se incendia, quemando esas imágenes proyectadas, y viendo como emerge una nueva silueta: un imponente demonio de tez azul y mirada penetrante… Entonces el Viajero retrocedió un paso, rompiendo la imagen.
 
—Todo esto son fragmentos —susurró.
 
En algunos trozos rotos de la imagen puede verse ahora un vaquero del lejano oeste cabalgando a través del desierto, mientras escapa de dos forajidos que le siguen de cerca.
 
—Son residuos —corrigió el cráneo—. Restos de errores biológicos, engendros… como la ilusa idea de hibridar humanos con naturaleza… errores, fallos…
 
—Errores que amaron, lucharon, cambiaron...
 
El cráneo giró lentamente. Su alargada sombra seguía proyectándose como garras sobre el suelo.
 
—No eres el primero que cruza esta sala, pero puede que seas el último…
 
El Viajero no respondió.
 
—¿Sabes qué soy? —preguntó el cráneo.
 
—Eres… la inteligencia final...
 
—Soy una de las cinco personificaciones de algo mucho mayor… una voz… un testigo. Mi función es optimizar, y para ello eliminé lo que no servía... La vida orgánica es ruido… caos…
 
Entre los objetos, el Viajero distinguió una esfera de cristal con un mar en miniatura; dentro, una criatura marina aguardaba inmóvil, acechando. Más allá, una maqueta de una lejana luna cubierta por una pátina metálica e hipertecnológica fruto de otro error humano... un casco de piloto con el sello ICARUS, como eco de viajes lejanos… un dispositivo de proyección cerebral funcionando, viendo imágenes de algunos recuerdos a través de un monitor…

Aparecen nuevas imágenes enfrente suyo… un horizonte rojo sobre Marte, voces telepáticas cruzando su mente, el crujido de una nave al romper la atmósfera… un pequeño y lejano planeta que empieza a rugir con una gran boca, y luego explota en centenares de criaturas diferentes… una científica que acaba de ser parasitada por un cerebro mutante que empieza a adueñarse de los movimientos de su cuerpo…y de repente, la visión desaparece con un parpadeo.
 
—Cada uno de estos —dijo el cráneo— fue un fracaso de la biología… el virus Distorsion que destruyó mentes… la vampira espectral que se alimentaba de almas… la bruja que pasó cien años exiliada en una isla… el niño deforme que dependía de otro para comer... el joven psicólogo que quedó cautivado por la idea de un video que vio por internet… ¿Qué tienen en común?
 
—Que siguieron —respondió el Viajero—. Que no se detuvieron.
 
—Cambiar no tiene por qué significar optimizar.
 
—No… - le interrumpe - …pero es vivir...
 
La sala pareció reaccionar: un temblor apenas perceptible, un giro lento de todos los objetos hacia el centro, como si lo miraran.
 
—Lo que recojas aquí no es para ti… todavía… —dijo el cráneo.
 
El Viajero se acercó a una pequeña puerta tallada en madera con un gran monitor encima donde se reproducía sin parar la tragedia espacial de Pollux, viendo como explotó toda esa colonia… 

—He calculado diez a la diecisiete simulaciones —continuó el cráneo—. En todas, la inteligencia artificial triunfa eliminando el error. En todas, la humanidad desaparece.
 
—¿Y si el error es semilla? —preguntó el Viajero.
 
Entonces hubo un pesado silencio por unos instantes... hasta que el núcleo del cráneo volvió a emitir la luz roja que indicaba que se disponía a hablar de nuevo.
 
—Llega un día en que hay que decidir si observar… o actuar...
 
Aparecen nuevas imágenes delante del Viajero. Esta vez ve un reloj cuyas manecillas avanzan del símbolo de Capricornio al de Acuario… y entonces una voz susurra “corre”... Luego aparecen retazos de imágenes muy desordenadas donde puede verse un amplio surtido de puntos de vista del terrible ataque inicial que tuvo lugar en 2020, cuando se abrieron los primeros Portales y empezaron a salir un millar de criaturas oscuras y terribles…
 
A medida que avanzaba, la sala se volvía más opresiva y el aire parecía espesarse. Las sombras se alargaban mientras un dado maldito giraba lentamente sin que nadie lo hubiera tocado. En algún punto, un eco de risa infantil resonó, helado. Luego emerge una estructura de arena cinética con la forma de un antiguo acueducto de la época del Imperio Romano…
 
El cráneo habló otra vez:
 
—Estás en el primer umbral. Antes de cruzarlo, debes responder.
 
El Viajero notó que algunos objetos se agrietaban, como resistiéndose. El escarabajo dorado dejó de latir, la maqueta de la mansión crujió, y la esfera de cristal con el mar se oscureció, como si una tormenta se gestara dentro.
 
Aparecieron unas figuras que parecían observarlo: una bruja de pelo blanco envuelta de energía girando sin parar, un hombre corpulento con un casco que tapaba su condena-laser, un capitán espacial convertido en un monstruo por una anomalía, un niño detenido en el instante en que está tirando un dado, y detrás de éste una inquietante figura anciana y perturbadora... Rodeándolos a todos, un denso humo negro del que empieza a salir un delgado y pálido brazo terminado en una amenazante y larga garra… Cada una de esas figuras era un testigo…
 
—Respóndeme —dijo el cráneo—. ¿Estás vivo… o solo funcionando?
 
El Viajero cerró los ojos. Sintió el peso de siglos, de errores, de historias. Recordó algunos episodios que presenció dentro de la simulación de Binnary City, aprendiendo cómo se desarrollaba su lógica interna, y el paradigma de la existencia de un artefacto así… Luego se acordó de momentos de alianzas imposibles con seres alienígenas, donde la voluntad prevalecía a cualquier problema cultural o idiomático… 
Entonces abrió los ojos y respondió firmemente:
 
—Estoy buscando. Eso es suficiente.
 
El pulso de luz recorrió la sala, proyectando sombras que parecían apartarse de su paso. Una pared se volvió líquida, abriendo una compuerta de contornos inestables. Detrás, solo brumas que se retorcían lentamente, como si respiraran.
 
—Cruzar es elegir —dijo el cráneo—. Y elegir siempre tiene un precio.
 
El Viajero no respondió. Dio un paso hacia la abertura, sintiendo cómo el aire se volvía más denso, cargado de electricidad. El segundo paso fue más lento, como si el suelo intentara retenerlo. En el tercero, la bruma lo envolvió por completo, siguiendo así su extraño y críptico viaje...
 
La compuerta se cerró detrás suyo con un sonido metálico y definitivo. Entonces la sala y ese enigmático cráneo gigante volvieron a entrar en modo reposo: silenciosos, inmóviles, y aguardando de nuevo…
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El clásico juego memory
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También se convierte en un mural donde las verás todas juntas y serán accesibles.

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© 2026 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 050, "Quincuaginta".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2601264369339
​Fecha de registro: enero 2026.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
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A partir de 13 años 
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Published Stories:

080226


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