DISTURBING STORIES
  • HOME
  • STORIES
  • MEDIA
  • COMPRAR
  • +
    • FAQ
    • BLOG
    • FREE PDF
    • TEASERS
    • CONTACT
Foto
⌛ 10 min
Foto
  • LEER
  • TEASER
<
>
​- Shhh… Por favor, no haga ruido —susurró una voz desde la penumbra de un largo pasillo metálico.
 
- De acuerdo —respondió otra voz, masculina, contenida, cargada de curiosidad y escepticismo.
 
Los pasos de ambos resonaban suavemente sobre el suelo de resina negra. Avanzaban con sigilo, como si cada metro que cruzaban formara parte de un ritual silencioso. Al final del pasillo, una puerta con bordes de neón azul se deslizó hacia los lados sin hacer ruido.
 
- Por aquí. Esta sala tiene acceso a la observación segura —informó la primera voz todavía susurrando.

El recién llegado, un hombre trajeado de unos cincuenta años con el rostro anguloso y gafas inteligentes, se detuvo ante una especie de cristal circular que se curvaba como el ojo de un cíclope en la pared. Desde ahí podía ver lo que sucedía al otro lado: una habitación limpia, casi quirúrgica, con iluminación blanca intensa y un aire aséptico. En el centro, una mujer de unos treinta y cinco años sostenía un papel en la mano. Frente a ella, sujeto en una especie de camilla vertical, había un hombre. Tenía aspecto demacrado, el rostro cubierto de sudor, y la mirada, vacía.
 
- Aquí podrá presenciar el final de una de las sesiones. – con unas eses muy sonoras entre susurros - Le recuerdo que todo lo que escuche o vea es confidencial. No puede compartirlo bajo ningún concepto.

- No se preocupe —aseguró el visitante, mientras se ajustaba las gafas.
 
Lo que observaba parecía sacado de una vieja película de ciencia ficción distópica: cables suspendidos del techo, interfaces luminosas, brazos robóticos inmóviles a la espera de instrucciones. Pero lo que más llamaba la atención era el cuerpo del hombre frente a la mujer. No tenía heridas, tampoco había sangre… pero su piel estaba cubierta por fragmentos de texto fosforescentes, escritos directamente sobre su cuerpo. Palabras sueltas, frases inconexas, confesiones grabadas en una caligrafía artificial que brillaba como tinta caliente sobre su piel.
- ¿Qué es eso? —preguntó el observador. 

- Tatuajes-láser. Cada vez que el sistema detecta una mentira, se graba automáticamente una transcripción literal de lo dicho. Cuanto más grave la falsedad, más visible y extensa es la marca. Mire —añadió, señalando un texto que cubría casi todo el costado derecho del sujeto. 

En la sala, la mujer tomó aire. Estaba temblando.
 
- ¿De verdad… quisiste alguna vez a mi hermana? —preguntó, con un tono que oscilaba entre la rabia y el llanto contenido.El hombre dudó. Un segundo… dos… y finalmente, bajó la mirada.
 
- N… no… —susurró entre lágrimas. 

La palabra "no" brilló roja en el escáner del sistema. Una luz en el panel se encendió. Y de uno de los brazos robóticos emergió una pequeña lente que proyectó, directamente sobre el pecho del sujeto, una línea de texto: "Nunca la quise."
 
El hombre gritó, no de dolor físico, sino de vergüenza. La mujer también lloraba.
 
- ¿Ve? —susurró el técnico que acompañaba al observador—. El sistema ha detectado falsedad y el protocolo 29 se ha ejecutado. 

- ¿El orden de los ítems es siempre el mismo? —inquirió el visitante, fascinado. 

- No, el Método 32 adapta las preguntas y los castigos según la complejidad emocional de cada pareja. Es completamente personalizado gracias a nuestra inteligencia artificial. 

- Muy interesante… 

En la sala, la mujer continuó.
 
- ¿Pensaste en fugarte con ella?El hombre tragó saliva, con los ojos fijos en el suelo.
 
- Sí… lo pensé… 

Esta vez, una luz verde se encendió. Verdad confirmada.
 
La siguiente pregunta se activó automáticamente.
 
- ¿Te cayeron bien mis padres de verdad? 

- Nunca —sollozó el hombre.

Nueva luz verde.
 
- Última pregunta —anunció la mujer, con voz temblorosa—. ¿De verdad quieres sentar la cabeza algún día? 

El hombre la miró. Solo tenía un ojo libre de tinta.
 
- Sí… —dijo, con apenas un hilo de voz. 

La luz se tornó roja. La máquina no le creyó: "No quiere cambiar".
 
La frase apareció tatuada en letras grandes sobre la frente del sujeto. Ella lo miró, descompuesta.
 
- Eres patético. 

Desde la sala de observación, el visitante se estremeció... pero no dijo nada.
 
- En este caso, el Método no ha funcionado —dijo el técnico—. Esta pareja no va a volver. Como puede ver, el sujeto está marcado con las mentiras que dijo. Lo que lleva en la piel es un reflejo de cómo se muestra ante el mundo… y lo que es en realidad. 

- Y ahora es… alguien a medias —añadió el visitante, murmurando para sí mismo. 

- Exactamente. Acompáñeme, por favor. 

Salieron de la sala y caminaron por otro pasillo. Esta vez, ya hablando con voz normal.
 
​- Ahora el sujeto será trasladado a la unidad médica. Se le sellarán las heridas dérmicas con un barniz reparador, y se registrará su historial… pero su vida ya ha cambiado. Igual que la de todos los que pasan por el Método 32, sea para bien o para mal.
- Entiendo… ¿y funciona? Quiero decir, ¿realmente da buenos resultados?

- Actualmente tenemos una tasa de éxito del 35%.  

- Eso parece muy poco… - con un gesto de descontento.  

- No tanto, si piensa que este programa solo se aplica a casos en los que hubo un malentendido real. La tasa de coincidencia en esas sesiones llega a 30 o incluso 32 respuestas verdaderas. Eso significa que realmente existía una conexión, y muchas parejas han vuelto a empezar, ahora sin máscaras. Es la prueba definitiva de que sí que fue un malentendido su desacuerdo.  

- Hmm… Puede que siga pareciéndome un poco brusco… ¿No es exagerado?  

- Creemos que el mundo funcionaría mejor si las parejas fueran sinceras entre sí. El entorno familiar mejora, y especialmente son los jóvenes los que salen beneficiados. El Ministerio lo sabe: muchas de las carencias sociales actuales vienen de ahí. ¿Ha visto cómo está el panorama juvenil actual?  

- Eso sí… en eso tiene razón. Y aunque me siga pareciendo un método agresivo… le doy mi aprobación al Programa Método 32 y a su equipo. Desde el Ministerio de las Buenas Praxis se encargarán de formalizar todo. Si el primer año va bien, consideraremos abrir centros piloto en otros sectores.  

- Señor, le agradezco plenamente su confianza. Permítame trasladarle el agradecimiento de todo el equipo.  

Así fue como el Método 32 pasó a formar parte del catálogo oficial del Ministerio de las Buenas Praxis desde 2062. Presentado como un “programa experimental de reconexión afectiva”, su enfoque directo y su tecnología de detección emocional no tardaron en generar debate. Mientras algunos lo veían como una herramienta de reconciliación, otros lo criticaban por ser una forma institucionalizada de venganza emocional.
 
Pero detrás del proyecto, estaba la mente del Dr. Guzmán, el psicoterapeuta que lo había desarrollado junto a un equipo de ingenieros expertos en proyecciones láser dérmicas. El proyecto fue financiado en gran parte por Aura Second Corporation, un conglomerado transnacional con tentáculos en la Confederación del Pacífico.
 
El Método 32 no era solo una herramienta emocional: era una declaración política, una apuesta tecnológica, y quizás, una advertencia para todos aquellos que preferían mentir antes que afrontar sus errores…
 
¿Realmente era necesario todo eso?
 
¿Las Nuevas Políticas en general,
estaban yendo demasiado lejos?
 
El tiempo y el pueblo lo dirán…
© 2025 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 032, "El Método 32".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2509163090708
​Fecha de registro: Septiembre 2025.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
VOLVER AL MENÚ DE STORIES
" No importa dónde, cómo, o cuando… ¡pero lee! "

Picture
A partir de 13 años 
FAQ

Published Stories:

091225


© ALL RIGHTS RESERVED

  • HOME
  • STORIES
  • MEDIA
  • COMPRAR
  • +
    • FAQ
    • BLOG
    • FREE PDF
    • TEASERS
    • CONTACT