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El mundo se desgarraba en silencio. Los portales habían empezado a abrirse, devorando la lógica de la realidad sin previo aviso ni patrón. De ellos emergían criaturas grotescas, imposibles de clasificar, como si las pesadillas de todos los tiempos se hubieran mezclado entre sí: alas membranosas, bocas múltiples, pieles viscosas, extremidades que se replegaban y estallaban en otras nuevas. Venían sin idioma, avanzando sin barreras… y llevándose todo lo que encontraban por delante...
 
Y donde caminaban, la descomposición se esparcía como una plaga. No solo destruían: alteraban el tejido de lo que tocaban. Especialmente letales contra los seres del SubMundo, a quienes convertían en arena al mínimo contacto… su auténtica némesis…
Una de estas bestias, una más grande que cualquier otra avistada, surgió de uno de esos portales en el cielo, concretamente sobre la costa mediterránea. Su masa reptante, coronada por una cabeza de fauces eternas y espinas dorsales como árboles, se desplazó tierra adentro arrasando sin dirección. Pisoteó pueblos, bosques y ruinas… y entonces, sin quererlo, se detuvo…
 
Había llegado delante de un antiguo edificio, actualmente el Hospital Psiquiátrico de Menores de Nuestra Señora de la Piedad. Era como si oliera algo. Su imponente aspecto helaba la sangre a cualquiera que lo estuviera viendo. Como una bestia buscando a su presa empieza a oler alrededor del edificio. En esos momentos, las personas de su interior estaban huyendo como podían de ahí.
 
La criatura sigue oliendo hasta que se detiene. Entonces vuelve a erguirse y, con determinación, barre el edificio del mapa con un tremendo disparo de energía a través de sus enormes fauces.
 
Fue cuestión de segundos que el edificio se convirtiera en nada, borrándose así cientos de años de historias y secretos… pero la criatura seguía de pie, esperando que se disipara el humo, mientras seguía mirando amenazadoramente hacia ahí. 
Pasados unos instantes, volvió a oler en esa zona, y se quedó en un punto en concreto donde olió un buen rato… no se trataba de olor… era algo más… como una memoria profunda, un eco que no entendía. Emitió un bramido que desgarró el cielo, hundió sus garras en el suelo y comenzó a excavar ansiosamente.
 
Desde el borde del tiempo, Kronas estaba observando. El demonio del ciclo, el que no participa, el que no interviene salvo en los momentos que terminan siendo cruciales... En ese momento lo vio claro: la descomunal criatura, el túnel bajo el Hospital Psiquiátrico que comunica verticalmente con el umbral del SubMundo… y supo que debía actuar…
 
Porque si esa cosa descendía... los demonios no resistirían, sería como una epidemia para su raza… y entonces entendió que el problema era más grave de lo que pensaba…
 
Pero Kronas no debía combatir… su fuerza era otra, estaba en su capacidad de ver cada pieza del tablero y saber el siguiente movimiento que se tenía que realizar. Por eso decidió buscar a Raven, o cómo la conoció siglos atrás: Catherine…
 
La encontró en un cementerio abandonado, alimentándose de un alma débil que aún no había huido del todo del cuerpo. Su forma era la de una mujer envejecida y eterna, con la piel marcada por el tiempo y el alma podrida por siglos de atrocidades. Su báculo anterior —una reliquia hecha con huesos de personas que ella misma devoró— yacía a su lado.
 
—Has vuelto a buscarme —dijo ella, sin girarse.
 
—No por redención… sino por necesidad… —respondió Kronas.
 
Ella escupió en la tierra.
—No me hagas perder el tiempo con tus paradojas…
 
Kronas se acercó un paso mientras recordaba lo mucho que había cambiado esa mujer con los siglos.
 
—Una criatura ha encontrado el túnel bajo Nuestra Señora de la Piedad. Si llega al SubMundo, lo destruirá todo... y solo hay una manera de detenerlo…
 
Raven permaneció en silencio largo rato. Luego preguntó:
 
—¿Y por qué yo?
 
—Porque eres lo bastante poderosa… además de tener un vínculo con ese lugar, que sabes que fue el último al que pudiste llamar “hogar” … y también sé que has estado esperando algo así… algo para redimirte...
 
Ella lo miró. No había compasión en su mirada, solo cálculo.
 
—¿Y si digo que no?
 
—Nada te obligará… pero entonces no quedará nadie para recordarte, ni para temerte… Ni una sola alma podrá pronunciar tu nombre jamás, porque esta enfermedad acabará con todos… los de arriba y los de abajo…
 
La amenaza no era emocional, era lógica, y ella lo sabía, aunque le doliera.
 
—Necesitaré algo más que mi viejo báculo.
 
—Ya pensaba en ello...
 
Horas después se reunió con ella un ser demoníaco que tenía la forma de un anciano que no había dormido nunca. Trajo un objeto envuelto en cuero seco: un báculo largo, negro, con espinas que no eran metálicas ni vegetales, y en su centro, un corazón sellado con runas que giraban lentamente.
 
—Fue forjado para contener, no para matar —dijo el demonio, mientras se lo ofrecía.
 
—Entiendo…
 
—Kronas dice que sabe que conservas algo de lo que fuiste antes de rendirte…
 
Ella lo miró con los ojos fijos mientras recapacitaba sobre esa frase. Segundos después lo tomó, y el báculo la reconoció al instante. Las espinas se incrustaron en su carne, fundiéndose con su sangre. Dolía, pero no tanto como merecía… Su ser interior, aunque sumido en la oscuridad, ansiaba redención por encima de todo… y después de tantos años y tantas atrocidades (sobretodo alimentándose de almas jóvenes), necesitaba una conclusión a la altura…
 
Cuando llegó a lo que quedaba del hospital psiquiátrico, el mundo temblaba. Las ruinas ardían sin fuego, y el monstruo se alzaba sobre ellas como una montaña viva, cavando, rompiendo, gruñendo con mil gargantas. Sus ojos eran faroles sangrientos.
 
Raven caminó entre los restos del hospital sin mirar atrás, recordando sus años como interna… … le vino a la cabeza la sensación de tranquilidad y, sobretodo, sentirse a salvo… algo que no había experimentado desde pequeña… hasta que la encontraron y la condenaron… iniciando ahí su conversión de Catherine a Raven…
 
En ese momento, el monstruo la notó y le clavó su vista … entonces ella alzó el báculo y comenzó la pelea... pero el combate no fue una danza ni una carnicería, sino que cada impacto que espetaba la criatura, la lanzaba contra muros invisibles. Cada golpe del báculo, abría heridas que escupían luz negra. Raven no tenía la agilidad de antaño, pero tenía rabia. Una tremenda rabia acumulada por siglos de gritos y vidas sesgadas.
La criatura intentó embestirla, pero ella clavó el báculo en el suelo con determinación, liberando una onda que lo hizo retroceder. Se trataba de un sello temporal: una contención. Pero cada uso del báculo desgarraba más su carne, y su cuerpo comenzaba a deteriorarse desde dentro, como si su alma misma estuviera pagando el precio.
 
El túnel ya estaba abierto, y el hedor del SubMundo comenzaba a fluir como un vapor pútrido. Entonces ella comprendió que no podría contenerlo para siempre… así que tomó una decisión.
 
Con un último rugido, corrió hacia el borde del túnel, esquivando la garra de la bestia. Se arrojó dentro del cráter, clavando el báculo con todas sus fuerzas, y las espinas se expandieron, aferrándose a la piedra, a la tierra, a su carne. Entonces empezó a recitar un conjuro en voz baja. No era una oración… era una condena final...
 
La criatura intentó lanzar sus fauces encima suyo, pero una barrera invisible, nacida de ese conjuro, lo detuvo. Rugió, deshizo piedras con su hálito, pero no pudo avanzar. Entonces el báculo se activó por completo, con un cegador haz de luz que duró unos segundos.
 
Raven, ahora fundida con el arma, sentía como su cuerpo desaparecía durante el proceso. No dolía, solo ardía. Tuvo una sensación parecida a cuando fue sometida a ese satánico experimento de 1666…
​Entonces, con un último empujón, las espinas gigantes que había a su alrededor hicieron el último estirón para terminar en unos peligrosos pinchos que atravesaron y atraparon a esa gigantesca criatura. Rugió con un tremendo bramido que se escuchó a cientos de quilómetros a la redonda…
 
Y en ese momento, Raven vio algo. No era perdón… solo era el vacío... y por primera vez en siglos, encontró paz... Cerró los ojos mientras esbozaba una sonrisa, y explotó una última y cegadora onda expansiva brillante que terminó de sellar esa entrada del túnel para siempre, y desintegró totalmente a ese monstruo, dejando solo un leve rastro de partículas que se fueron flotando lentamente hacia el cielo…
 
Kronas apareció poco después, y se acercó al borde del túnel, donde observó que solo quedaban cenizas y unas geometrías que recordaban a las del báculo.
 
De Raven, no quedaba nada… o casi nada. Una leve lluvia de partículas, como si fuera ceniza, estaban precipitándose en ese momento, y Kronas descubrió una silueta de sombra que flotaba entre ellas. Ella lo miró, sin rostro y sin forma...
​—¿Valió la pena? —preguntó Raven, con una voz etérea.
 
—Por ahora, sí —dijo Kronas.
 
Silencio.
 
—¿Me recordará alguien?
 
—Tienes mi palabra...
 
Ella asintió, y luego simplemente desapareció...
 
Kronas cerró los ojos mientras las partículas seguían flotando.
 
—Descansa… Catherine…
 
Ese día, el sacrificio de Raven significó la salvación del SubMundo... El túnel quedó sellado con ese heroico acto, y la criatura arrasada completamente. Aunque no fue la única situación de peligro que hubo para los seres demoníacos ese fatídico día de 2020, sí que fue la más amenazadora, ya que esa gigantesca bestia no tenía freno, y hubiera entrado muy fácilmente hasta el corazón del SubMundo…
 
Ese 9 de noviembre, unos misteriosos portales se habían abierto en diferentes lugares del mundo durante doce horas, liberando a una ingente cantidad de criaturas que azotaron a la humanidad… pero gracias a Raven, Azel, y otros demonios, el SubMundo logró sobrevivir a esos terribles incidentes…
 
¿Cuál era su naturaleza?
¿De dónde venían esas criaturas?
¿Por qué eran letales contra los seres demoníacos?
 
Una vez más, Kronas tuvo que intervenir en un momento crítico. Siglos atrás, había tutelado de cerca a Catherine y su posterior conversión a Raven… aunque tuvo que hacerle pagar un castigo por unos terribles actos que cometió… Pensó que, en cierto modo, le habría hecho aprender una lección… pero con los años, Raven se convirtió en un ser más oscuro de lo que debía ser… era su naturaleza interior… y eso era irrefrenable…
 
Aun así, su gesta formó parte de los archivos del SubMundo, para que su nombre fuera recordado, y para tener presente una dura lección: Hay momentos en los que se debe hacer lo que se debe hacer…
© 2026 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 025, "Raven".
Registrado en SafeCreative con el ID:
2601264369407
​Fecha de registro: enero 2026.
Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
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080226


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