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Aquella noche una gran tormenta se abatía sobre la ciudad con una violencia casi teatral. El cielo se iluminaba de forma intermitente por relámpagos que rasgaban las nubes como si fueran grietas de luz, y cada uno de ellos iba seguido por truenos profundos que resonaban durante varios segundos, haciendo vibrar los cristales de las ventanas y los muebles de las habitaciones. La lluvia caía con una intensidad tan densa que formaba una cortina gris y continua que apenas permitía distinguir las formas del exterior más allá de unos pocos metros, como si el mundo se hubiera encogido hasta quedar reducido al pequeño espacio iluminado por la casa.
 
Había algo en aquella escena que parecía extrañamente simbólico, casi como si la naturaleza hubiera decidido acompañar el estado de ánimo de Jacob. Aquella misma tarde su novia lo había dejado, y aunque para muchas personas adultas una ruptura a los quince años podía parecer algo pasajero o poco importante, para él se trataba de un golpe emocional enorme que le había dejado una sensación de vacío difícil de explicar.
 
Jacob tenía quince años y llevaba los últimos años desarrollando una pasión muy concreta: la paleontología. Su fascinación por los dinosaurios había comenzado cuando vio por primera vez la famosa película jurásica dirigida por Spielberg. Aquellas criaturas gigantescas que dominaban la pantalla, al mismo tiempo majestuosas y aterradoras, despertaron en su imaginación una curiosidad tan intensa que desde entonces tuvo claro que algún día quería dedicarse a estudiar fósiles y descubrir restos de aquellos animales que habían gobernado la Tierra millones de años atrás.
 
Su habitación reflejaba perfectamente esa obsesión. Las paredes estaban cubiertas de pósters con ilustraciones de dinosaurios, desde los más conocidos como el Tyrannosaurus Rex hasta otros menos populares que había aprendido a reconocer en libros especializados. Sobre las estanterías se acumulaban figuras de diferentes tamaños, algunas compradas en tiendas de juguetes y otras pertenecientes a colecciones más elaboradas. También había maquetas de esqueletos, revistas de divulgación científica, libros sobre excavaciones y una gran cantidad de objetos relacionados con las películas que habían despertado su vocación. En medio de aquella tormenta emocional y meteorológica, su habitación seguía siendo el único lugar donde Jacob sentía cierta tranquilidad.
 
Mientras la lluvia golpeaba el tejado con una persistencia casi hipnótica, el chico permanecía tumbado en su cama mirando distraídamente el techo, intentando ordenar los pensamientos que se agolpaban en su cabeza después de lo ocurrido aquella tarde. Durante varios minutos no ocurrió nada fuera de lo normal, hasta que un pequeño detalle comenzó a llamar su atención de manera progresiva.
Al principio se trató de una sensación muy tenue, casi imperceptible, como si el suelo vibrara ligeramente bajo la estructura de la casa. Jacob pensó que quizá se trataba de un trueno especialmente cercano o de alguna vibración provocada por la tormenta, pero al cabo de unos segundos volvió a percibir aquel temblor con mayor claridad, lo que le hizo incorporarse ligeramente sobre el colchón con el ceño fruncido.
 
Su mirada se posó entonces en el vaso de agua que descansaba sobre la mesita de noche, y en ese momento pudo comprobar que la superficie del agua estaba formando pequeñas ondulaciones rítmicas que aparecían y desaparecían con una cadencia constante. Aquella imagen resultaba inquietantemente familiar, ya que coincidía con una escena muy concreta que había visto innumerables veces en su película favorita…
El recuerdo de aquella escena hizo que su corazón comenzara a latir con más fuerza mientras permanecía sentado en la cama, tratando de encontrar una explicación razonable para lo que estaba observando. Sin embargo, antes de que pudiera convencerse de que todo se trataba de una coincidencia o de un efecto de su imaginación, comenzó a escuchar algo que disipó cualquier intento de explicación lógica…
 
A lo lejos resonaban unas pisadas profundas y pesadas que parecían avanzar lentamente en dirección a la casa, y cada uno de ellos provocaba una vibración más intensa en el suelo, como si algo de un tamaño descomunal estuviera desplazándose por la calle.
Jacob se levantó con cautela, sintiendo cómo la mezcla de curiosidad y miedo se abría paso en su interior mientras avanzaba hacia la ventana de su habitación. La lluvia seguía cayendo con una intensidad brutal, lo que hacía muy difícil distinguir con claridad lo que ocurría en el jardín, pero entre el espesor de aquella cortina líquida comenzó a percibirse una forma gigantesca que se movía lentamente.
 
Los relámpagos iluminaban el exterior durante breves fracciones de segundo, y cada destello revelaba un fragmento distinto de aquella figura descomunal que parecía avanzar con una calma inquietante. Primero apareció ante sus ojos la silueta de una pata enorme que se hundía en el suelo empapado, después la línea curva de una cola colosal que se balanceaba con cada paso, y finalmente la forma imponente de una cabeza gigantesca que emergía entre la lluvia.
 
La criatura se detuvo frente a la ventana de la habitación y, en uno de los destellos más intensos de la tormenta, Jacob pudo observar horrorizado la verdad: ¡frente a él se encontraba un auténtico Tyrannosaurus Rex!
 
La piel rugosa del animal estaba cubierta por el brillo húmedo de la lluvia, y sus enormes ojos parecían analizar con curiosidad el interior de la habitación mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Durante unos segundos que parecieron eternos, Jacob permaneció completamente inmóvil, incapaz de apartar la mirada de aquella presencia imposible que se encontraba a escasos metros de distancia.
 
El dinosaurio acercó lentamente su gigantesca cabeza hacia la ventana hasta que su respiración caliente comenzó a empañar el cristal, creando una capa de vapor que distorsionaba parcialmente su rostro. Fue entonces cuando el animal abrió las fauces y emitió un rugido tan profundo y poderoso que la estructura de la casa pareció estremecerse de arriba a abajo.
 
Abrumado por el terror, Jacob reaccionó de manera casi automática cubriéndose las orejas con ambas manos mientras cerraba los ojos con todas sus fuerzas, tratando de bloquear el sonido que parecía atravesar cada rincón de la habitación. Al mismo tiempo comenzó a contar en voz alta con la esperanza de que aquel mecanismo aprendido durante su tratamiento volviera a funcionar como lo había hecho tantas otras veces.
1….2…..3…..4…..5…..6……7……8……9…..¡y 10!
 
Cuando finalmente reunió el valor suficiente para abrir los ojos de nuevo, descubrió que el entorno había cambiado y que la escena exterior había desaparecido por completo. Ahora se encontraba sentado en una habitación blanca iluminada por luces fluorescentes, con paredes desnudas y una ventana protegida por barrotes metálicos que le recordaban de forma clara dónde estaba realmente.
 
Jacob suspiró con alivio al reconocer su habitación en el Hospital Psiquiátrico de Menores de Nuestra Señora de la Piedad, el lugar donde llevaba tiempo recibiendo tratamiento para controlar las visiones que su mente producía de forma involuntaria.
 
Cada mañana, un celador entraba en la habitación con la medicación correspondiente, y aquel día el hombre apareció empujando su pequeño carrito metálico con la misma rutina tranquila de siempre. El chico tomó las pastillas sin mostrar resistencia, contento de comprobar que aquella experiencia aterradora había sido simplemente otra manifestación de su condición. Sin embargo, el celador no podía imaginar lo que estaba a punto de ocurrir cuando se dio la vuelta para abandonar la habitación.
 
En el instante en que cruzó el umbral de la puerta, la realidad que lo rodeaba cambió de manera abrupta, sustituyendo el pasillo del hospital por una calle azotada por la misma tormenta torrencial que Jacob había presenciado momentos antes en su visión. Confundido por aquel cambio imposible, el celador levantó la mirada y descubrió frente a él la figura gigantesca de un dinosaurio que lo observaba durante un breve instante con la misma curiosidad silenciosa que había mostrado ante la ventana.
Acto seguido, el ataque fue inmediato y brutal, ya que la enorme mandíbula descendió con una fuerza devastadora que no dejó margen alguno para reaccionar, sucumbiendo al instante en sus fauces...
 
Dentro de la habitación del hospital, el cuerpo del celador comenzó a plegarse sobre sí mismo de una forma antinatural hasta desaparecer por completo ante los ojos de Jacob, que observó la escena con una calma inquietante antes de levantar ligeramente la mirada hacia el techo.
 
Entonces, con una serenidad extraña en la voz, el chico cerró los ojos y dijo:
 
—Ha llegado la hora de salir… creo que ya sé cómo puedo controlar las visiones, mamá…
 
4:40
Este CASSETTE está disponible en 3 idiomas:
  • ESP
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  • CAT
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* Aunque la historia es la misma, existen algunas ligeras variaciones respecto la versión escrita. Esto es porque este AUDIO en concreto se realizó en 2021, y el que fue el guion se ha trabajado durante el tiempo de reevaluación del proyecto y tiene una mejor versión escrita ahora. 
Un proyecto de
VIANDA VISUAL
 
Con las voces de
Jason Peters – Axel Sirisi
Narrador – Jose Luis Casas
Alto Político – Blaster
 
Edición & Postproducción
VIANDA VISUAL
 
Idea Original
Josep Maria Solé
 
Música
CO.AG Music - Dark Rage
 
©Todos los derechos reservados.
©Disturbing Stories, Disturbing Cassettes.
2021
A project by
VIANDA VISUAL
 
With the voices of
Jason Peters – Alex Misiti
Narrador – John Dyer
Alto Político – Blaster
  
Edit & Postproduction
VIANDA VISUAL
 
Original Idea
Josep Maria Solé
 
Music
CO.AG Music - Dark Rage
 
©All rights reserved
©Disturbing Stories, Disturbing Cassettes.
2021
Un projecte de
VIANDA VISUAL
 
Amb les veus de
Jason Peters – Axel Sirisi
Narrador – Pau Rodríguez
Alto Político – Meritxell Quevedo
 
Edició & Postproducció
VIANDA VISUAL
 
Idea Original
Josep Maria Solé
 
Música
CO.AG Music - Dark Rage
 
©Tots els drets reservats
©Disturbing Stories, Disturbing Cassettes.
2021
© 2026 Josep Maria Solé. Todos los derechos reservados.
Disturbing Stories, número 008, "Rugidos en la Lluvia".
Registrado en SafeCreative con el ID: 2605095594519.
Fecha de registro: mayo 2026. 
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Este relato no puede ser reproducido, distribuido ni modificado sin el permiso expreso del autor.
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A partir de 13 años 
FAQ

Published Stories:

070626


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